miércoles, 23 de marzo de 2016

LOS POETAS SURREALISTAS ARGENTINOS



Entrevista a MARÍA MELECK VIVANCO:
por RAÚL HENAO

La gravitación de la poesía surrealista francesa en los poetas latinoamericanos de comienzos y mediados del siglo pasado, fue la del paso de un astro imprevisible y tornasolado. Un encuentro fortuito (y no una seducción) del orden de aquellos “bello como (...)” receta mágica y encantatoria que patentara como de su exclusividad el Conde de Lautréamont, para refrendar en adelante el uso de las imágenes poéticas más insólitas o arbitrarias, los amores menos ortodoxos o convencionales, el humor más negro o absurdo... enmarcados en el espacio de una ética y estética rigurosas y en prosecución de lo absoluto.

Hay que anotar sin embargo, un cambio ocurrido en la manera de entender el surrealismo en su versión iberoamericana a partir del marco y los derroteros conceptuales que le trazara el poeta y profesor rumano Stefan Baciu en su famosa Antología de la poesía surrealista latinoamericana (Ediciones Universitarias de Valparaíso, Chile, 1981) hasta la muy reciente aparición del excelente ensayo antológico O Começo da Busca (El comienzo de la Busca. Escrituras Editora, Sao Paulo, 2001); más en consonancia con los deseos y expectativas que abrigaba a este respecto el propio André Breton, tres años antes de su muerte (ver Perspective Cavaliére. La Breche No.5. Octubre de 1963) Y donde Floriano Martins, a través de la obra emblemática de doce poetas modernos, representativos de esta tendencia en Iberoamérica (algunos de ellos tildados de parasurrealistas por Baciu) nos invita a retomar –o mejor, a rescatar- la vigencia nunca prescrita de una poesía de factura onírica e irracional, a la que cierta crítica universitaria o académica viene descalificando como contraria a la idiosincrasia de una supuesta, imprecisa, identidad latinoamericana.

He querido pues, en esta entrevista con María Meleck Vivanco (concebida un poco en la tónica del Solo a dos voces de Octavio Paz y Julián Ríos) recrear en alguna medida la atmósfera y el entorno biográfico que – alrededor de la revista A partir de O, y el año 1952 – identificaba al primer grupo surrealista argentino fundado por Aldo Pellegrini, el espléndido, admirable poeta de La valija de fuego (Editorial Argonauta. Buenos Aires. 2001)... Un poeta desde todo punto de vista capital en el contexto de las letras hispanoamericanas, que ha tenido que esperar casi treinta años luego de su muerte, para ver reunida (y reeditada) su obra poética completa.

Quiero finalmente agradecerle a María Meleck su paciencia y generosidad al responder las preguntas de este cuestionario generacional que sólo de modo incidental alude a su propia poesía. Porque hay que decir que la poesía de María Meleck Vivanco ilustra como pocas en la actualidad aquella entrega a lo maravilloso que apenas se desvela a campo traviesa de la cordura y el sentido común, adentrándonos en lo profundo del bosque hasta la guarida del lobo de la ternura y el amor loco.

RH - María Meleck, en alguna de tus reseñas bio-bibliográficas se afirma que naciste en el Valle de San Javier (de Tras las Sierras) y en otras en Villa Dolores. Córdoba. Por pura coquetería o reticencia muy femeninas, no figura la fecha de nacimiento. ¿Quieres hablarnos de esta primera etapa de tu vida? ¿Cómo fue, por ejemplo, tu primer encuentro con la poesía?

MMV- Deseo aclarar el dilema de mi nacimiento. Fue en la provincia de Córdoba al Oeste, en el valle de San Javier (tras las sierras de Comechingones). Con un entorno de pequeñas cordilleras y montes poblados de inagotable riqueza natural, que culminan con el majestuoso pico Champaquí, de 2700 metros sobre el nivel del mar. El valle, mi amado terruño, mi chunka, se haya cubierto por un monte áspero, de una vegetación achaparrada y espinosa donde viven alimañas arcaicas. Lagartos, escorpiones, matuastos, quitilipes, y aves de rapiña. También pumas y cóndores con extraños nombres heredados del habla Inca del Alto Perú, la cual endulza singularmente el acento español de los conquistadores y acrecienta nuestra devoción hacia lo vernáculo, con la historia sagrada de sus dioses legendarios.
La no-aclaración de la fecha de mi nacimiento, tiene dos connotaciones. La primera se debe, si, a mi coquetería femenina, justificable creo, más allá de los 50, cuando empieza a irritarnos el tema como humanas que somos. La segunda, es que siempre pensé, que al inventar el calendario, el hombre selló un pacto con el diablo. Se obligó a mentirse a sí mismo, pues la medida del tiempo es una falacia. Los universos son infinitos y sucesivos en el cosmos, y ruedan en círculos sin principio ni fin, en órbitas que giran sobre sí mismas. Núcleos vertiginosos que pueden referirse con mucha aproximación a la eternidad, donde ya el tiempo se aquieta y permanece inmutable.
Mi encuentro con la poesía coincidió con las primeras impresiones de la naturaleza en mi ser. Huellas nítidas de un territorio fascinante, sensual, intenso, que fluía con sobresaltos, belleza despiadada y algunos terrores. Por ejemplo, la creciente avasallante e imprevista de los arroyos, el fantasmal deshojamiento de los árboles, los botones de oro alfombrando la superficie de las aguas, remolinos en transparentes remansos con flores muy extrañas que exigían de la niña su contemplación. En los despeñaderos, las tormentas con truenos de piedras que alucinaban mi fantasía. Los gusanos de seda que guardaba en cajas de zapatos y que perforaban con sus mariposas el capullo impoluto, haciendo inútil su comercialización. Las libélulas amarillas del alfalfar que yo tomaba y soltaba con mis dedos delicadamente, pero que en los laboratorios agonizaban en ataúdes de cuarzo. Sus frágiles cuerpos pinchados con alfileres sin que yo pudiera protegerlos, herían mi alma hasta la desesperación. Por otro lado, veía también pesados carros colmados de troncos transitando lentamente hacia la usina del pueblo, sus hacheros rústicos, sus mulas exhaustas. Los hombres se apeaban para meter más alcohol en sus gargueros quemados.
Hablaré aquí de la pequeña ciudad aldea de Dolores, donde cursé mis estudios. De esa comunidad pacata que no permitía mi libertad intransferible, y que no aceptaba mi visión diferente de las cosas. Ella terminaría segregándome, convirtiéndome en una cómplice solitaria que disfrutaba del aislamiento. La niña que escribía sus primeros versos en una pizarra escolar, a orillas de las acequias, sobre las raíces expuestas de los sauces llorones, de los álamos y de los grandes mimbres.
Ya entonces empezaba a enamorarme del lenguaje abstracto con las imágenes irreverentes que constituirían mi atmósfera, mi propia respiración.
En la biblioteca de mi padre, tuve acceso a escritores como Víctor Hugo, Rubén Darío, Gabriela Mistral, Alfonsina Storni, Delmira Agustini, Almafuerte, etc. Pero nada me apasionaba más que leer al escritor colombiano José María Vargas Vila. Sus libros Aura o las Violetas, Ibis, Rosas de la tarde, Flor de Fango, me enloquecían. Autor muy prohibido en esa época, tenía que esconderme para devorar sus imágenes sensuales de alto voltaje que funcionaban de maravillas en mi incipiente libido y que me hacían sentir que era mujer apta para el amor, que estaba viva.
Los compañeros de colegio no me participaban de sus juegos ni de sus confidencias, salvo raras excepciones, pero los maestros me amaban, convocándome para discursos y homenajes, pues se sentían felices con el mensaje tan volado de mi escritura.

RH – En su estupenda autobiografía Sólo contra Dios no hay veneno, el poeta Francisco Madariaga te describe como “una bellísima cordobesa de largas trenzas (...) excelente poeta”, novia de uno de sus amigos y condiscípulo: Telo Castiñeira de Dios. Y agrega que por ese tiempo, residías “en una pensión de la calle Piedras 252” donde coincidencialmente también vivían el poeta Enrique Molina y su mujer Susana. A renglón seguido nos habla de los encuentros y reuniones en los restaurantes EL Globo y El Robino , éste último un auténtico fortín radical y socialista. Eran los años 1948 o 1952. ¿A qué poetas conoces primero, a tu llegada de la provincia cordobesa?

MMV- Llego a Buenos Aires en el 1943, atraída por la presencia de mi entrañable amiga Ana Teresa Fabani (Tete), una singular poeta entrerriana de mi generación, gravemente enferma de tuberculosis, y que fallece luego en el 45, dejando un único y excepcional libro titulado Nada tiene nombre. Versos enlutados, estremecidos, dolientes, de una penetración pavorosa. En su departamento me presentaron al poeta Alfredo Martínez Howard, y éste me instala en el primer grupo surrealista. Allí conozco a Enrique Molina, Carlos Latorre ( el Chino), Francisco Madariaga ( Coco o “el Gitanito”), a Telo Castiñeira de Dios, a Alfonso Sola González, y a otros paralelos al movimiento como Olga Orozco, Javier Villafañe; un cachorro de periodista, Jacobo Tímerman, que llegó a ser director y propietario del diario La Opinión, el matutino que ofreció más espacio a la cultura en todas las épocas y que sufriera vejaciones durante el cruel proceso militar.
Más adelante, el grupo se aproxima ( 1945 y 46) a Aldo Pelegrini, Oliverio Girondo y su mujer Norah Lange. Podría hacer un libro con las famosas anécdotas insólitas y muy divertidas que se generaban noche tras noche en nuestra exaltada bohemia. El principal lugar de reunión, era el restaurante Robino , (años 46, 47 y 48) situado en Ángel Gallardo y Corrientes, a una cuadra del tranvía 5 que tomábamos invariablemente para regresar a nuestros lugares de madrugada y en patota. Allí se hablaba de radicalismo, socialismo y también de política de ultra izquierda. Éramos como revolucionarios líricos fascinados por la figura emblemática de Trotsky y admirábamos profundamente al surrealismo francés de Bretón y sus manifiestos. Pero también tarareábamos viejos tangos nostálgicos, memorizando sus letras de total poesía. Comíamos por monedas, abundante y sabroso. Bebíamos tintillo por demás con interminables débitos y la paciencia leal y generosa de esos gallegos dueños del negocio, tan delirantes que se habían convertidos en compinches de los jóvenes intelectuales de la noche porteña.
Los años 45, 46 y 47 fueron de alocada bohemia. En el 48, ya finalizado mi noviazgo con Telo, conozco en un recital de Neruda, León Felipe, Nicolás Guillén y Rafael Alberti con su esposa Teresa de León al que fue mi marido durante más de 30 años, hasta su fallecimiento en 1981. Se trataba del exitoso rematador Luis Guaraglia. Me caso con él y años después nacen mis hijos: Luís Alejandro, que eligió ser médico y Juana, escritora y periodista que reside en Uruguay.
A partir del 50, afiancé más mi relación con Olguita Orozco y nos juntábamos en confiterías del centro o en boliches del bajo Alem, próximos al río, a charlar de todo, hasta de literatura. Intercambiábamos pimpollos de rosas y cartas de colores con improvisados poemas, en un marco de chispeante humor y abundante alegría.
Ya existían las revistas de Molina y Pellegrini Letra y Línea y A partir de 0, y después vinieron otras más, tan machistas como sus creadores, que poseían una cierta elegante displicencia a la hora de incluir nombres de féminas en sus páginas. Parecía que las mujeres éramos valiosas y necesarias sólo a la hora de hacer el amor o de colocar compresas de agua fría en sus sienes pensantes (éstas representan mis tardías deducciones y no hallo otra explicación posible).
En ocasiones, Olga se acompañaba con su pareja José María Gutiérrez, ya fuera en el Chamberi de la calle Córdoba o en el boliche de La Fantasma de Paseo Colón, con el abigarrado núcleo de amigos poetas de siempre, donde Oliverio acomodaba una y otra vez su poncho criollo y Pellegrini entrecerraba sus ojos luego de una guardia brava durante la noche anterior.

RH- Aldo Pellegrini {Rosario, Santa Fé, 1903 –1973) fue el fundador del “primer grupo surrealista de habla hispana y seguramente del primer grupo surrealista en un idioma distinto al francés”, según sus propias palabras... que a partir del año 1928 publica sucesivamente las revistas Que (1928 y 1930) Ciclo (1948) A partir de O (1952 –1953 ), Letra y Línea (1953 – 1954) La rueda (1967), etc. ¿Cómo fueron tus relaciones con Pellegrini que al igual que tu, era médico de profesión; con el fabuloso poeta, ensayista, crítico de arte, editor, traductor, antólogo de la famosa, canónica, Antología de la poesía surrealista francesa y de las Obras completas del Conde de Lautréamont?.

MMV - La figura patriarcal de Aldo Pellegrini y su sentido del humor, lo conectaban rápidamente con sus “amorosos pacientitos”, como él los designaba. Era querido hasta por las piedras, como dijera mi madre. Su sabiduría y su humildad trascendieron tanto como la multiplicidad de sus talentos. Fue ecléctico en el poema, en la plástica y su crítica y en el ensayo. Dejó poca obra editada, sus poemas aún hoy permanecen bastante desconocidos por las nuevas generaciones. Su libro póstumo Escrito para nadie fluye espontáneo, como por una delicadeza emanada de un cause críptico, misterioso. Decía las cosas más terribles sin elevar su voz y quemaba con el sólo susurro. Parecía una música apasionada y secreta.
Nuestra relación, más que profesional fue entrañable en los encuentros y cruzamientos de amistad entre colegas de una misma tribu que se amaron y se respetaron siempre.
Yo no soy médica. Estoy doctorada en Kinesiología, rama de la medicina que trata de la reeducación y rehabilitación física en músculos, huesos y sistema nervioso.

RH- Desde 1979 a 1984 el año de su muerte, sostuve una nutrida correspondencia con el poeta Juan Antonio Vasco. Entre las muchas deferencias que tuvo conmigo, le merecí la de enviarme los originales, por esa fecha todavía inéditos, de Escrito para Nadie, el último libro de A. Pellegrini. Hice los trámites correspondientes para publicarlo en Medellín, pero las circunstancias no fueron favorables y la edición fracasó. ¿Conociste a Vasco, afectado por una terrible enfermedad que progresivamente lo llevó a la parálisis total, pero que sin embargo, jamás consiguió doblegar su voluntad, su entereza sobrehumana, ya que nunca manifestó por escrito una queja o un reproche respecto a su dolorosa condición?

MMV - A Juan Antonio Vasco, lo conocí ya postrado en 1979/80 por una grave enfermedad. No obstante tenía un vigor intelectual notable y una ternura a flor de piel que a menudo humedecía el brillo de sus ojos. Era como un sol, un fuego llegado de la selva venezolana, arrasando con bellísimas metáforas de singular fuerza, siempre con su mitad de patria a cuesta. Repartía poesía inédita con total generosidad, no le corría prisa por su publicación. No le interesaba trascender. Era un joven gran señor que estaba muy lejos de las pequeñas miserias y su aporte al surrealismo fue importantísimo.
Solía decir: Un libro de poesía se sostiene con las cuantiosas preseas del amor, la intransferible utopía y la libertad.

RH- Fuiste amiga personal de Juan José Ceselli “Uno de los más grandes poetas surrealistas argentinos” al decir de Carmen Bruna. En realidad, se trata del poeta más enigmático o secreto del grupo de Pellegrini, con una visión gnóstica y profética del mundo actual. Por una cruel paradoja Ceselli fue “desconocido” sistemáticamente en vida (ni siquiera se le incluyó en la medular Antología de la poesía surrealista latinoamericana del rumano Stefan Baciu, donde, en cambio, si figuran la generalidad de los integrantes del grupo surrealista argentino) y parece que hasta sus escritos inéditos, que el delegara en manos de algunos amigos cercanos, se perdieron. ¿Podrías hacer para los lectores de la presente “entrevista” una semblanza del poeta de La Selva 4040?.

MMV - Juan José Ceselli, apareció en mi vida unos años antes de su muerte. Corría el 1978 y él había participado como jurado en el Premio Municipal, donde yo presenté mi libro Plaza Prohibida (el único que escribí con neta inspiración social) y que aún permanece inédito.
Ceselli consideró injusto que por un voto perdiera el 1er Premio y obtuviera el 2do. Le parecía “deplorable” que (según sus palabras), “una vulgar antologista, ni siquiera poeta me hubiera birlado el 1er puesto mediante una astuta trenza, como se dice por estos lados.
En fin, este lamentable episodio sirvió para conocernos personalmente. Él trató como de reparar la omisión con una mesa de vinos y de flores, homenajeándome en su humilde casa de Selva 4040. Allí fui convocada por su psicóloga de cabecera. Nos abrazamos fuerte y brindamos por la bien amada Poesía.
Lo ví unas veces más, alejados nuestros pensamientos de su irreparable final. Pero fracasamos como niños ilusos. Fuimos vencidos por la adversidad. Fue imposible herir de muerte a la insaciable muerte.
El desconocimiento de su personalidad literaria, su no-inclusión en la Antología de Stefan Baciu, fueron maniobras intencionadamente arteras e injustas. Pero no olvidemos que como él, algunos otros buenos escritores quedaron en el camino, como piedras vivas más valiosas que nombres desteñidos a la hora del Juicio Final, que también lo habrá para los poetas que transitaron por este mundo miserable y controvertido.
Su obra póstuma se diluyó en manos anónimas de supuestos amigos, sin que hasta la fecha se lograra ninguna explicación. Pareciera que el mismo Ceselli quiso que la arrastrara el viento y se repartiera salvajemente entre ladrones de luz y náufragos de bergantines piratas. Lo profetizó hasta su último cumplimiento. Fue como una bala terrible rozando la inviolada eternidad.
Ahora su residencia se haya en la Memoria Perfecta, donde la lujuria estalla como una semilla inocente, la sombra no oscurece y los dioses son siempre misericordiosos.

RH- En el transcurso del II Congreso de Escritores de Lengua Española, realizado en Caracas, Venezuela, el año de 1981, tuve la oportunidad de leer un resumen de mi ponencia: Identidad de la poesía surrealista latinoamericana, en una mesa que compartía con Severo Sarduy, Roberto Juarroz y Enrique Molina. A Roberto Juarroz ya lo conocía con anterioridad porque vivió uno o dos años en Medellín, donde fue profesor en la Escuela de Bibliotecología de la Universidad de Antioquia... pero a Enrique Molina sólo lo vine a conocer en esta oportunidad y confieso que me sorprendió literalmente. Creo que después de Borges, era el único poeta argentino que reunía todos los requisitos para que se le otorgara el Premio Nóbel, por la intensidad y el esplendor verbal de su obra poética. Aparte de eso, era un ser humano plenamente logrado, que conjugaba en su persona la inocencia y el candor de un niño. Era un “niño viejo” como el chino Lao Tse, que por eso mismo podía permitírselo todo, hasta la arbitrariedad de oficiar como jurado en un concurso de poesía auspiciado por la coca-cola , hecho que suscitó las iras jacobinas (hay que admitir que un poco trasnochadas) del grupo surrealista porteño Signo Ascendente ¿Cuándo conoces a este poeta de trascendencia iberoamericana?.

MMV - Hurgo en mis recuerdos de la calle Piedras al 252. Y aparece como en sueños del fondo del paisaje la presencia angelical con una pizca de malicia del querido Enrique Molina y de Susana, su adorable compañera. Ambos cordiales, sonrientes, precozmente encanecidos, él tatuado de pies a cabeza, sus figuras erguidas, jóvenes y bellas. Habitábamos en una misma pensión. Yo con mi novio de entonces, Telo Castiñeira de Dios en una pieza del segundo piso, en un casi palomar donde éramos vecinos inmediatos, y donde su dueña, doña Rosa, discriminaba en su media tonada rusa, antipatías y simpatías hacia sus inquilinos, y lo manifestaba sin pelos en la lengua. Yo gozaba, quizá por ser una muchacha muy sociable, afectuosa y desinhibida de su cargoso cariño, pues como era analfabeta, la ayudaba a facturar las habitaciones en alquiler.
Como con Enrique y Susana éramos vecinos de pared por medio, teníamos pequeñas ventanas paralelas que daban a la calle. Desde allí, nos pasábamos comida, monedas y poemas, estirando el cuerpo y los brazos como artistas de un valet aéreo.
Enrique me contó que había nacido en las sierras de Tandil. Al sur de la provincia de Buenos Aires, y divagaba sobre los veleidosos comportamientos de la piedra movediza antes de su caída al abismo. La cuestión es que hace poco leí una biografía suya que lo hacía nacer en la Mesopotamia y me cuentan unos amigos que también figura como porteño.
En fin, lo importante no es dónde sino que haya nacido entre nosotros este enorme poeta, marinero raso, que abandonó su flamante título de abogado para embarcarse una y otra vez comenzando por la costa peruana y luego en las lujosas islas del Caribe. Se confesaba, desde adolescente enajenado por estas aventuras marinas.
Era parco al hablar y bastante silencioso. De modales suaves y contenidos. Seductor nato con las mujeres de todas las edades, razas y condiciones sociales, las que zumbaban a su alrededor como moscas en un panal de lechiguanas. Pienso que todas simultáneas o alternativas, conocían sus infidelidades, y se las permitían, procurando que la sangre no llegara al río. Lo que me queda misterioso es el porqué de este borramiento de los celos que son una cosa sana y natural en toda relación de pareja ¿se trataba de un barón irresistible? ¿Dónde estaba la clave? ¿O con la lectura cálida de un hermoso poema conseguía su objetivo? Sin embargo, sus amores con Olga Orozco, me consta que duraron toda la vida y que fueron terriblemente apasionados.
Coincido que su obra mereció el Premio Nóbel de poesía y que fue ingrato no concedérselo Pero según la Biblia, es imposible tapar la luz del sol con un harnero. Sus rayos traspasaron las prebendas, las “trenzas” amistosas o utilitarias, las políticas de turno, etc. iluminando inevitablemente.
Para mí, su voz fue la más importante del siglo 20 en la poesía argentina.

RH- Nos falta hablar de Carlos Latorre y Julio LLinás, el último integrante todavía vivo del ya mitológico grupo surrealista argentino. ¿Qué recuerdo significativo guardas de estos poetas?

MMV - Carlos Latorre ( El Chino), junto a “El Gitanito”, (apodos creado por mi fantasía), Francisco Madariaga, fueron la dupla más apegada a mi corazón en una hermandad sin concesiones, trillizos en el espíritu y univitelinos de una sola placenta. Nos unía la misma pasión irrenunciable: la Poesía.
Con Carlos éramos vecinos y estábamos continuamente en contacto, intercambiando libros raros y mensajes esotéricos durante los años que pasé en casa de Alfredo Martínez Howard, en el característico barrio de Villa del Parque, pegado a las vías del tren. Era viril, activo, sus ideas chisporroteaban y no era fácil seguir su discurso rápido, medular y muy elocuente. Ya estaba reconocido como autor de teatro, guionista, conductor en programas culturales de radio y en la incipiente publicidad comercial de esa época (corrían los años 43, 44 y 45). Recién empezaba a escribir poemas o quizá a divulgar sus textos entre amigos. Su talento era innegable. Pronto desarrolló una vasta carrera literaria y se convirtió en una estrella con luz propia. Fue una figura preponderante del primer movimiento surrealista. Hasta su fallecimiento en 1980, frecuentamos, disfrutamos, esa fiesta irrepetible que fue su amistad, y hablo en plural ya que mi marido lo valoraba mucho y lo quería entrañablemente. Puerta de Arena, su magnífico primer libro, es un canto lírico ilimitado, donde la figura de su madre, que fue mi amiga, emerge de las aguas de un río doloroso, envuelta en banderas patéticas, digamos de infinita tristeza.
Del poeta Julio Llinás, muy poco conozco, pues durante la formación de nuestro 1er grupo surrealista, con los poetas que ya mencioné, (años 43 al 50) no me lo crucé nunca ni tan siquiera escuché hablar de él. Posiblemente porque en ese lapso se encontraba viajando por Europa, o como me comenta Kico Salgado, colaboraba en la prestigiosa revista literaria Poesía Buenos Aires (dirigida por el poeta Raúl Gustavo Aguirre), no afín a nuestras experimentaciones literarias.
Recientemente me llegó su bello poemario Sombrero de perro.

RH- La presencia de la mujer fue siempre fundamental en los diferentes grupos surrealistas franceses y europeos, por eso resulta un poco decepcionante que Pellegrini no incluyera ninguna mujer en la conformación de su grupo. ¿Dónde estaban por esos años Alejandra Pizarnik, Olga Orozco, Carmen Bruna, Silvia Grenier (o Guiard); María Meleck Vivanco?.

MMV - Ya mencioné el concepto “tiernamente machista” de los integrantes del 1er grupo en la década del 40.
Conocí a Alejandra Pizarnik muy jovencita, corrían los años 50 y pico y fue en casa de los Girondo. Estaba acompañada por el escritor Juan Jacobo Bajarlía. Era su alumna y su enamorada. Luego nos vimos varias veces en casa de Olga Orozco antes de su viaje a Francia. Tenía una cara interesante picada por un acné que la hacía más aniñada y más encantadora. Era tímida, reservada y hablaba poco. En su rostro, sus grandes ojos color de miel ejercían tal predominio, que los demás rasgos pasaban desapercibidos. Pienso que ni ella ni Olga se consideraban surrealistas. No obstante, sus nombres aparecieron en antologías del género. A Carmen Bruna, mi talentosa amiga poeta, y a Silvia Grenier, las he conocido recién hace pocos años. Ellas formaban parte de la revista Signo Ascendente.
Yo pasé de la bohemia libertaria a la dinámica de crear un hogar sui géneris (1950) y por contrapartida, al tráfago de los estudios universitarios tomados con extrema exigencia y pasión que me distanciaron de la bohemia y de algunos artistas de la cultura que me hubiera fascinado conocer.
El cientificismo me ganó durante 14 largos años, tiempo de claustro, donde se colaban algunos versos trasnochados que acababan perdidos inexorablemente.
No obstante, confieso que fue un tiempo único de tranquila felicidad compartida en familia, como el cangrejo de mi signo lo tenía previsto.

RH- Eres quizás, la última poeta argentina surrealista (así te considera Víctor Redondo, director del SEA (Sociedad de Escritores Argentinos) en la medida que practicas una escritura automática sumamente espontánea y libre de trabas intelectuales... porque si bien es cierto que Silvia Guiard - la única poeta argentina que participa activamente en el actual movimiento surrealista mundial- también lo hace, ella me parece más ortodoxa y autoconciente, más decidida a ser “deliberadamente” surrealista. A ti eso no parece importarte y escribes sólo lo que te dicta tu sensibilidad o tu corazón, sin apenas corregir. “No puedo hacer de un ombú un bonsái” me dices admirablemente en una de tus cartas. ¿Quieres hablarnos a este propósito de tu poesía?

MMV - Es difícil para mi vivisecar mi poesía. Observarla en sus detalles como un insecto bajo la lupa. Regodearme o enemistarme con ella. Confundir pulsión azarosa con sabiduría o belleza. Ya que nada conozco de análisis literarios ortodoxos, y pienso que lo mío se trata de un disfrute traído al papel quizá por el oscuro inconsciente o por los sueños. También por el romanticismo de las imágenes que me nutren delirándome, y que han delatado siempre mi corazón.
Entre tantos abstractos y recovecos del misterio, creo que conservo aún la inocencia del agua o de la sangre.
Cuando el silencio del monte, se abría como una rosa de humo para los pasajeros del cielo, mis versos de niña creaban pesadillas habitadas por ángeles. Mi voz era plegaria y osadía en la luz. Curiosidad voluptuosa hacia la desbordada naturaleza del valle.

La continuidad del canto, se la debo a Dios y a los destrozos de la vida. Y también al veneno de un brebaje dulce que no mataba mis pájaros, sino que encendía el borde de sus alas.

miércoles, 20 de enero de 2016

FRANCIS BACON / MARGUERITE DURAS



ENTREVISTA A FRANCIS BACON por MARGUERITE DURAS
La Quizaine literaire, París, 1971


D: La noción de progreso en la pintura, ¿es una falsa noción?

B: Es una falsa noción. Tome la pintura paleolítica del Norte de España, no me acuerdo del nombre de la gruta. Ahí se encuentran, en las figuras, movimientos que nunca han sido mejor captados. El futurismo está “completamente” allí. Es la escenografía perfecta del movimiento.

- La noción del progreso personal, ¿es falsa también?

- Menos falsa. Se trabaja sobre uno mismo para obligarse a desarrollar las cosas de forma cada vez más aguda.

- ¿Qué es el peligro?

- La sistematización. Y la creencia en la importancia del tema. El tema no tiene ninguna importancia. El talento puede regresar, marcharse. Las excepciones de la historia son Miguel Ángel, Ticiano, Velásquez, Goya, Rembrandt: nunca regresión.

- Se progresa ¿cómo? - Work. Work makes work . ¿Está usted de acuerdo?

- No. Es necesario un punto de partida. Sin esto, es inútil trabajar. Cuando leo ciertos libros, encuentro que escribir de un determinado modo es aún escribir menos, que no escribir en absoluto. Que leer de determinada manera es aún leer menos que no leer en absoluto, etc.
En pintura es parecido. Pero no se sabe nunca con la imaginación técnica, ésta puede dormir y un buen día despertarse. Lo principal es que esté allí.

- Volvamos a las manchas de color.

Sí. Espero siempre que llegue una mancha sobre la que construiré “la apariencia”.

- ¿Siempre son las manchas las primeras en salir?

- Casi siempre. Son los “acontecimientos que me suceden”, pero que suceden a merced de mí, por mi sistema nervioso que ha sido creado en el momento de mi concepción.

- ¿La “felicidad de pintar” es acaso una noción tan tonta como la de “la felicidad de escribir”?

- Igual de tonta.

-  ¿ Se siente usted en peligro de muerte cuando pinta?

- Me pongo muy nervioso. Sabe usted, Ingres lloraba durante horas antes de empezar un cuadro. Sobre todo un retrato.

- Goya es sobrenatural.

- Quizá no. Pero es fabuloso. Conjugó las formas con el aire. Parece que sus pinturas están hechas de la materia del aire. Es extraordinario, fabuloso. El mayor Goya, para mí, está en el museo de Castres y es La Junta de Filipinas.

- A qué ha llegado la pintura en el mundo?

- A un momento muy malo. Debido a que el tema era tan difícil, fuimos hacia lo abstracto. Y, lógicamente, éste parecía ser el medio hacia el que tenía que ir la pintura. Pero, como en el arte abstracto se puede hacer cualquier cosa, se llega simplemente a la decoración. Entonces, parece que el tema vuelve a ser necesario, pues sólo el tema hace trabajar a todos los instintos y buscar y encontrar los medios de expresarlo a él, el tema. Ve usted, volvemos a la técnica.

- ¿No había pintado nunca antes de los treinta años?

- No. Antes yo era un drifter, ¿cómo lo traduce usted?

-El que va a la deriva.

- Siempre miré la pintura. Y en un momento dado me dije: quizá yo mismo.. Tardé quince años en llegar a algo. Empecé a hacer algo a los cuarenta y cinco años. La suerte que tuve fue no aprender nunca la pintura con profesores.

-¿La crítica respecto a su trabajo?

- Siempre estuvo contra mí. “Siempre” y “todos”. Desde hace algún tiempo los hay que dicen que soy un genio, y otras cosas así. Pero, esto no cuenta. Me habré muerto antes de saber quién soy, porque para saberlo, el tiempo tiene que pasar. Sólo con el tiempo se empieza a ver el valor.

- Con frecuencia hemos hablado juntos del “accidente”.

- No puedo definirlo. Sólo se puede hablar “en torno”. En sus cartas, Van Gogh tampoco ha hecho otra cosa que hablar “en torno” a la pintura. Sus ¡toques”, al final de su vida, la fuerza de sus toques, no requieren de ninguna explicación.

- Inténtelo, desde el exterior.

-Pues si tomáramos materia y la lanzáramos contra un muro o sobre una tela, se hallarían enseguida rasgos del personaje que quisiéramos retener. Esto se habría hecho sin voluntad. Se llegaría a un estado inmediato del personaje, y fuera de la ilustración del sujeto. Cuando los pintores pintan un piso hacen manchas en la pared, antes de empezar su trabajo, se trata del mismo modo de conseguir un estado inmediato de la materia. Los expresionistas abstractos americanos han intentado pintar de esta manera, pero con la fuerza de la materia.
No es suficiente. Sigue siendo decoración.
La fuerza no debe ser, no está en la fuerza de lanzar la materia. La fuerza debe estar completamente congelada en el tema. La materia lanzada sobre el muro, quizás el accidente, sabe. Lo que sucede después es la imaginación técnica.

- ¿Duchamp?

- Se ha cargado la pintura americana para cien años. Todo viene de él, y todos. Lo que es curioso, muy curioso, es que él hacía la pintura más estética del siglo XX. Pero su trazo era muy firme, y su inteligencia era muy firme.

- Podemos llamar al accidente, la suerte o el azar?

-Sí, estas palabras son todas las mismas.

- Cómo es el momento privilegiado, cómo se define?

-Es cuando los “músculos” trabajan bien. Entonces las manchas parecen tener más sentido, más fuerza.

- Todo es concreto.

-Todo. Yo no entiendo mis cuadros mejor que los demás. Los veo como válvulas de mi imaginación técnica en distintos niveles. No hay nadie a quién se pueda enseñar un cuadro, y que sea capaz de ver qué hay de nuevo en este cuadro.

- Dice usted no comprender, y sus cuadros estallan de inteligencia.

- ¿Es posible esto?

- Lo creo. Conocí a una niña que preguntaba: ¿qué es el calor, cuando no hay nadie que tenga calor? Yo le pregunto:¿qué es la inteligencia cuando el pensamiento está ausente de ella? ¿Qué es la inteligencia cuando nadie experimenta o nadie utiliza esta inteligencia con fines críticos, juicios, etc.? ¿No estamos muy cerca de lo que usted llama instinto?

- Estoy de acuerdo. Quisiera hacer retratos, y todas mis pinturas, con el mismo choque que usted recibe en la vida ante la “naturaleza”.

- Y, por esto, cree en este trabajo dentro de la imbecilidad?

- Absolutamente, completamente. A veces el sentido crítico aparece, el cuadro se hace visible durante un instante, luego se va.

- Cuando trabaja usted?

-  Por la mañana, con la luz. Por la tarde, voy a los bares o a las salas de juego. A veces, veo amigos. Para trabajar tengo que estar completamente solo. Nadie en la casa. Mi instinto no puede trabajar si los demás están ahí, y cuando uno los ama es peor- sólo puede trabajar con la libertad.



(del blog: ESCRITORAS UNIDAS Y COMPAÑÍA)

jueves, 14 de enero de 2016

JUAN GELMAN



PERROS CÉLEBRES VIENTOS


hechos

ya que navegas por mi sangre y conoces mis límites, y me despiertas en la mitad del día para acostarme en tu recuerdo y eres furia de mi paciencia para mí, dime qué diablos hago, por qué te necesito, quien eres, muda, sola, recorriéndome, razón de mi pasión, por qué quiero llenarte solamente de mí, y abarcarte, acabarte, mezclarme a tus huesitos y eres única patria contra las bestias del olvido.


datos

bajo el frescor bajo la dura dulzura de este día de mayo como un cálido tiro reviviendo al revés viejos recuerdos de pésimas mujeres magníficas humanas y todo el hospital, el infeliz sorbe los vientos que estallan en su pulso y aprende aprende aprende que toda ruina sobrevive


hacer

tirar con piedra con pelitos con íntimos desechos furias libres y fiebres
milagros espantosos perros célebres vientos uñas rotas
pero tirar vivir contra cualquier quietud
contra otra vez la muerte he dicho


la acción lírica

teniendo en cuenta sus desastres íntimas destrucciones y asia áfrica américa latina caras caídos en la lucha cuba que obliga a respirar el poeta se entrega a sus ciclones carga sus rabias consecuentes en general el gran lirismo va y degüella esperanzas sentadas sonríen con sus bobas


celda 4

eugenio el tierno duerme casi huido mientras los que engendraron tempestades ni idea tienen del precio que pagarán por su cabeza brillando pálida en la celda su luz cayendo sobre descendientes que tampoco sabrán como era augenio cuando ardía y con su cucharita espantaba las bestias


explicaçao

arthur rimbaud dijo hay que cambiar la vida y dejó de escribir es decir de alucinar la vida y fue al áfrica en cambio y amó a una negra inmensa como un hospital y fue amado por ella con gran rubor de los crepúsculos y entre tantos ingleses franceses portugueses y demás aves de rapiña rimbaud contrabandeó su amor tan increíble y para continuar el espectáculo ante hombres santos como incrédulos arthur contrabandeó oro y pistolas y en representación de sus abrazos y cuando fue por ello castigado su culpa verdadera nunca fue mencionada esas bestias cobardes prefieren no meneallo condenan ciertamente las formas de querer intervenir


las bellas compañías

es muy común que un buitre me trabaje las entrañas no devorándolas sino más bien amándolas o como desgarrándolas para sacar a la luz mis rostros últimos y míralos me dice mira lo que te comes animal me dice el bello buitre.


Clic

había una vez un perro vertical un pájaro de alcol un suave tiro que sonaba detrás del espectáculo y tristezas tristezas tu memoria como bestia animal royéndome la panza tus besos opulentos inventándome nombres todavía


tiempos

es en este verano que tus ojos se pierden de repente tu voz cuesta con llagas tu mano es un pichón abandonado te arrasaron la cara te reventaron te rompieron es hora de que empieces a cantar


parlate

¿a dónde irá a parar tanta desolación tanta hermosura?
Hemos hecho y deshecho
Hablen, trabajadores del amor


¿com’é?

¿imprescindible era que terminara abril con ese chico agitando las manos revolviéndolas precisamente en medio del otoño en medio de la enfermedad general o soledades o
tiros sordos del mar que se retira tal vez a sus manitas a su fiebre a su honor a su caballo ciego a su madera donde no había que dejar que alguien orine de piedad?


situaciones

estuve a puertas de la muerte asistí impasible al terrorismo lloré junto al cadáver de un pichón nunca entendí a los profesores las fechas los oráculos durante un tiempo desmonté piedras a piedra los aires del lirismo cuando alcancé la cabeza me reí en especial y en general pensando en la tormenta lo serio que iba a suceder


(Cólera buey – 1963)

.

jueves, 17 de diciembre de 2015

GONZALO ROJAS



EL LOCO

Cuando en mis mocedades de aprendiz lo dejé todo: surrealismo, Universidad, vanidades efímeras y me instalé en lo más alto de Atacama, el que me defendió fue Huidobro: -“Déjenlo, les dijo a mis detractores, Gonzalo es un loco que necesita cumbre”

Es que los locos somos hijos de Dios, pienso hoy en la reniñez de los ochenta. Si hay una palabra que he amado y sigo amando es la palabra nadie que ya andaba en Homero –“Nadie me ha herido”-. O en aquel Juan de Yepes, Juan de la Cruz, que sigue siendo el único poeta de fundamento para mí en el español inabarcable –páramo más páramo-, que empieza en Castilla y crece sigiloso hasta la Antártica.

Lo dijo alguna vez Paul Celan, poeta mío, y pudo también haberlo dicho Vallejo, ese otro gran balbuceante del misterio: “Alabado seas, Nadie”. Si hay una palabra que he amado y sigo amando es nadie. Porque, si somos polvo también somos enigma y de eso estamos hechos. Más claro: no me gusta hablar de lo inhablable, o inefable. Todo lo más, escribo líneas en el viento desde mi infancia, de izquierda a derecha pero también del otro lado porque todo es así, desde el momento que no hay cosa que no sea otra cosa. ¿Será a eso a lo que llamamos realidad? La poesía se adelanta y sus agujas marcan el vuelo de las aves. Tanto se habla de la abolición del yo, que dicho ocultamiento se ha hecho sospechoso de originalismo irrisorio.


De lo que escribe uno no sabe, dijo el ítalo-argentino Antonio Porchia, y ese sí que sabía. Ser nadie es aquél al que no se le ve la mano, como a Dios. Al otro, al que se oculta detrás de lo impersonal forzado, también se le ve la mano aunque la esconda.

domingo, 15 de noviembre de 2015

JOSÉ SARAMAGO



LA COMUNICACIÓN Y LOS ÁNGELES

“Un gran filósofo español del siglo XIX, Francisco de Goya, más conocido como pintor, escribió un día: "El sueño de la razón engendra monstruos". En el momento en que explotan las tecnologías de la comunicación, podemos preguntarnos si no están engendrando ante nuestros ojos monstruos de un nuevo tipo. Por cierto, estas nuevas tecnologías son ellas mismas fruto de la reflexión, de la razón. Pero ¿se trata de una razón despierta? ¿En el verdadero sentido de la palabra "despierta", es decir atenta, vigilante, crítica, obstinadamente crítica? ¿O de una razón somnolienta, adormecida, que en el momento de inventar, de crear, de imaginar, se descarrila y crea, imagina efectivamente monstruos?

A fines del siglo XIX, cuando el ferrocarril se impuso como un beneficio en materia de comunicación, algunos espíritus apesadumbrados no dudaron en afirmar que esta máquina era terrorífica y que en los túneles la gente moriría asfixiada. Sostenían que a una velocidad superior a 50 kilómetros por hora la sangre saltaría por la nariz y las orejas y que los viajeros morirían en medio de horribles convulsiones. Son los apocalípticos, los pesimistas profesionales. Dudan siempre de los progresos de la razón, que según estos oscurantistas, no puede producir nada bueno. A pesar de que se equivocan en lo esencial, debemos admitir que los progresos suelen ser buenos y malos. Al mismo tiempo.

Internet es una tecnología que en sí no es ni buena ni mala. Sólo el uso que de ella se haga nos guiará para juzgarla. Y por esto es que la razón, hoy más que nunca, no puede dormirse. Si una persona recibiera en su casa, cada día, quinientos periódicos del mundo entero y si esto se supiera, probablemente diríamos que está loca. Y sería cierto. Porque, ¿quién, sino un loco, puede proponerse leer quinientos periódicos por día? Algunos olvidan esta evidencia cuando bullen de satisfacción al anunciarnos que de ahora en más gracias a la revolución digital, podemos recibir quinientos canales de televisión. El feliz abonado a los quinientos canales será inevitablemente presa de una impaciencia febril, que ninguna imagen podrá saciar. Se perderá sin límite de tiempo en el laberinto vertiginoso de un zapping permanente. Consumirá imágenes, pero no se informará.

Se dice a veces que una imagen vale más que mil palabras. Es falso. Las imágenes necesitan muy a menudo de un texto explicativo. Aunque más no sea para hacernos reflexionar sobre el sentido mismo de algunas imágenes, de las cuales la televisión se nutre hasta el paroxismo. Esto pudo constatarse hace unos años, por ejemplo, durante la última etapa del Tour de Francia, cuando en el sprint final de los Campos Eliseos asistimos en directo a la espectacular caída de Abdujaparov.

Vimos esta escena como hubiéramos visto, en una calle, una persona embestida por un auto. Con la diferencia de que el auto hubiera embestido a la persona solo una vez. En la televisión, pudimos ver y volver a ver treinta veces la caída accidental de Abdujaparov. Gracias a las miles de nuevas posibilidades de la técnica: con zoom, sin zoom, en picada, en contrapicada, bajo un ángulo, bajo el ángulo opuesto, en travelling, de frente, de perfil... Y también, interminablemente, en cámara lenta.

Con cada repetición, aprendíamos más sobre las circunstancias de la caída. Pero, cada vez, nuestra sensibilidad se mitigaba un poco más. Poco a poco, volvíamos a ver esta caída con la distancia de un cinéfilo que diseca una secuencia de una película de acción. Las repeticiones habían terminado matando nuestra emoción.

Se nos dice que gracias a las nuevas tecnologías, en lo sucesivo alcanzamos las orillas de la comunicación total. La expresión es engañosa, permite creer que la totalidad de los seres humanos del planeta puede ahora comunicarse. Lamentablemente, no es cierto. Apenas el 3% de la población del globo tiene acceso a una computadora; y los que utilizan Internet son aún menos numerosos. La inmensa mayoría de nuestros hermanos humanos ignora incluso la existencia de estas nuevas tecnologías. Hasta ahora no disponen todavía de las conquistas elementales de la vieja revolución industrial: agua potable, electricidad, escuela, hospital, rutas, ferrocarril, heladera, auto, etc. Si no se hace nada, la actual revolución de la información los ignorará de la misma manera.

La información nos vuelve más eruditos o sabios solo si nos acerca a los hombres. Pero con la posibilidad de acceder de lejos a todos los documentos que necesitamos, el riesgo de deshumanización aumenta. Y de ignorancia.

De ahora en más, la llave de la cultura no reside en la experiencia y el saber, sino en la aptitud para buscar información a través de los múltiples canales y depósitos que ofrece Internet. Se puede ignorar al mundo, no saber en qué universo social, económico y político se vive, y disponer de toda la información posible. La comunicación deja así de ser una forma de comunión. ¿Cómo no lamentar el fin de la comunicación real, directa, de persona a persona?

Con obsesión, vemos concretarse el escenario de pesadilla anunciado por la ciencia ficción: cada uno encerrado en su departamento, aislado de todos y de todo, en la soledad más horrible, pero conectado a Internet y en comunicación con todo el planeta. El fin del mundo material, de la experiencia, del contacto concreto, carnal... La disolución de los cuerpos.

Poco a poco, nos sentimos atrapados por la realidad virtual. A pesar de lo que se pretende, es vieja como el mundo, como nuestros sueños. Y nuestros sueños nos han conducido a universos virtuales extraordinarios, fascinantes, a continentes nuevos, desconocidos, donde hemos vivido experiencias excepcionales, aventuras, amores, peligros. Y a veces también pesadillas. Contra los cuales nos previno Goya. Sin que esto signifique que haya que contener la imaginación, la creación y la invención. Porque esto se paga siempre muy caro.

Es más bien una cuestión de ética. ¿Cuál es la ética de los que como Bill Gates y Microsoft, quieren ganar la batalla de las nuevas tecnologías a toda costa, para sacar el máximo provecho personal? ¿Cuál es la ética de los raiders y de los golden boys que especulan en la Bolsa sirviéndose de los avances de las tecnologías de la comunicación para arruinar a los Estados o quebrar cientos de empresas en el mundo? ¿Cuál es la ética de los generales del Pentágono, que aprovechando los progresos de las imágenes programan con más eficacia sus misiles Tomahawk para sembrar la muerte?


Impresionados, intimidados por el discurso modernista y tecnicista, la mayoría de los ciudadanos capitulan. Aceptan adaptarse al nuevo mundo que se nos anuncia como inevitable. Ya no hacen nada para oponerse. Son pasivos, inertes, hasta cómplices. Dan la impresión de haber renunciado. Renunciado a sus derechos y a sus deberes. En particular, su deber de protestar, de sublevarse, de rebelarse. Como si la explotación hubiera desaparecido y la manipulación de los espíritus hubiera sido desterrada. Como si el mundo fuera gobernado por necios y como si de repente la comunicación hubiese devenido un asunto de ángeles.”

martes, 29 de septiembre de 2015

JUAN JOSÉ CESELLI



* REPORTAJE A JUAN JOSÉ CESELLI


ACB - ¿Cómo se inició en el surrealismo?

JJC - Para abreviar diré que a los 43 años cambié mi esquema de vida para convertirme en poeta.

ACB -¿Por qué a los 43 años?

JJC - Porque desde la adolescencia no había vuelto a escribir poemas, hasta que a esa edad, leyendo por primera vez a Neruda, surgió en mí la necesidad de dedicarme de nuevo a la poesía.

ACB -¿De modo que Neruda es el motivo por el cual actualmente escribe poemas?

JJC - Gracias a Neruda y digo gracias porque le estaré siempre reconocido, retorné a la poesía que había abandonado durante tantos años… Y no me arrepiento. Al contrario, porque así fue como en el ´53 edité mi primer libro que la crítica señaló como surrealista.

ACB -¿Conocía el movimiento?

JJC - No. Para mí constituyó una verdadera sorpresa esa etiqueta, porque ignoraba completamente su existencia. Por aquel entonces sólo leía libros de filosofía y ensayos científicos. En consecuencia, me puse a averiguar cuanto concernía al surrealismo y comprobé con asombro que estaba identificado con él aun antes de conocerlo.

ACB -¿Quiere decir que sin saberlo el surrealismo guió su posición estética en la realización de sus libros de poesía?

JJC - Era inevitable. El surrealismo estaba en la atmósfera del mundo moderno, razón por la que su influencia se encuentra claramente definida en dos etapas que dividen el espíritu que imperó en la creación de mis obras. La primera, que va de La otra cara de la luna hasta La sirena violada; y la segunda, que comprende Violín María, El Paraíso desenterrado, que los escribí durante mi permanencia en Francia, La misa tanguera y La Selva 4040, además de otros tres: Poemas Jíbaros, Humor mágico y La dame sans merci, estos tres últimos inéditos todavía.

ACB -¿Cuántos años vivió en Francia?

JJC - Del 56 al 61. En este último año regresé para ocuparme de la publicación de Violín María que fue premiado por el Fondo Nacional de las Artes.

ACB -¿Qué es entonces el surrealismo y por qué es usted surrealista?

JJC - Pienso que se es surrealista del mismo modo que se nace poeta. O sea, se "nace" surrealista. En cuanto a mí, fui, sin saberlo, como lo dije antes, surrealista desde que tuve conciencia necesaria para pensar. Siempre me fascinaron desde muy niño las frases insólitas o las cosas raras o mágicas, como el carnaval, las flores, los pájaros, los fuegos de artificio. Quiero con estas palabras subrayar que el surrealismo no es una retórica que se aprende sino que constituye una posición natural del individuo frente a la vida. El surrealismo busca el lado maravilloso de la existencia. Busca alcanzar y nacer permanentemente en estado parecido, en cierta medida, al instante fugitivo que se experimenta entre el sueño y la vigilia, en que lo real y lo sobrenatural se confunden en una sola y misma cosa y todos los milagros parecen entonces posibles. Por esta razón el surrealismo no es una mística con la que solamente se busca practicar el arte por el arte o el arte "comprometido", en el sentido que hoy se estila definir esta frase, sino que es una mística que busca la unidad espiritual y material del hombre, es decir, que sus vísceras participen de lo prodigioso tanto como su espíritu. Por eso el surrealismo cree en la poesía. Porque es en la poesía en donde ambas cosas se dan con más facilidad y ampliamente. Por eso, para el surrealista, la poesía no es solamente la búsqueda de una belleza pura, ideal, no, sino la expresión del hombre total, de su esencia, de todo lo que tiene de lógico y contradictorio, de todo lo que tiene de conocido y desconocido, sea malo o bueno, feo o hermoso. Es la unión de lo cotidiano y contingente con lo maravilloso, la realidad con el arcano. Por lo cual me parece oportuno citar aquí la sentencia con que inicio mi libro Violín María: "El milagro es la forma de hacer visible el mundo invisible, del que está hecho el mundo visible". Esto explica por qué el surrealismo no es una retórica sino una actitud frente a la vida, y por qué son surrealistas, aunque no escriban versos, todos aquellos que hacen de su existencia una aventura apasionante y milagrosa. Esto quiere decir que el surrealismo siempre existió, y lo que hicieron André Breton y sus compañeros fue codificar estos principios, poniendo al servicio de dicho fin sus vidas y su entusiasmo. Muchos de ellos cayeron inmolados durante el camino. En consecuencia me permito citar aquí, como homenaje, algunos nombres: René Crevel, Antonin Artaud, Robert Desnos, André Frederique, René Daumal. Todos estos poetas murieron trágicamente. Es una aclaración que hago para que se tenga una idea del grado de exaltación y sufrimiento que todos ellos padecieron. Aquel que sabe renunciar a los bienes sensuales, a la seguridad, al confort, para quemarse como una antorcha viva en la prodigiosa aventura de lo desconocido o en la auténtica creación, ésos fueron y seguirán siendo surrealistas "avant la letrre", Swift o el propio Cervantes en su vida y su obra.

ACB -¿Piensa entonces que el surrealismo no es sólo un producto del mundo moderno?

JJC - El surrealismo es un producto del mundo moderno pero también del pasado. Siempre hemos vivido en un mundo surrealista. Toda la creación es un hecho surrealista, sólo que la gente no lo admite. Constantemente nos encontramos rodeados de hechos totalmente insólitos, imprevisibles, que las personas asumen como algo lógico, por más ilógicos que sean, por la sola razón que acontecen. Y esta atmósfera surrealista que nos rodea la ignoramos sistemáticamente por temor, porque si aceptáramos que nos hallamos en medio del caos moriríamos de espanto, un caos como muy bien lo puso en evidencia Breton al descubrir tal como en realidad acaecían los acontecimientos que describe en Nadja, en El amor loco o en Los vasos comunicantes. Asimismo, podemos citar a Kafka en América o en El Castillo, a Dostoievski enLos hermanos Karamazov y tantos otros.

ACB -¿Existe un arte surrealista y otro que no lo es?

JJC - Todo arte auténtico es en sí surrealista. Los escritores, en general, sienten pánico para lanzarse en el laberinto de la ilogicidad, el caos surrealista. ¿Quiere sin embargo nada más lógico que el Ulises de Joyce? Ni nada más surrealista que el comportamiento de Ulises en la obra de Homero. No obstante se empecinan en escribir obras saturadas de supuesta logicidad cronológica. Y es allí cuando todo suena falso. Como en esas novelas de principios del siglo que hoy nos parecen tan ingenuas, pongamos por ejemplo Marianela de Benito Peréz Galdós o de la Condesa de Pardo Bazán y tantos otros. Por incongruentes, el academicismo se desplomó de manera tan melancólica y total. Los grandes artistas de todas las épocas jamás temieron lo inexplicable y crearon sus obras plagadas de elementos y efectos surrealistas, como los pintores: el Caravaggio, Velázquez, el Greco, y detengámonos aquí. Si queremos leer la más surrealista de las obras, como es fácil comprobarlo hoy, inclusive por la influencia que ejerció y por lo que los hombres hicieron en su nombre, es la Biblia, junto con todos los relatos religiosos de las distintas creencias. ¿Quiere escenas más surrealistas que las del Quijote, o las que relata el Dante y la misma Íliada así como toda la pintura desde el arte rupestre hasta nuestros días, con genios surrealistas como el de Leonardo, Miguel Angel con su Mosés, el Perseo de Cellini y tantos otros? El gran aporte de los surrealistas modernos fue localizar ese elemento mágico que se encuentra en toda obra de arte, que a la vez que mágico es revulsivo, y codificarlo y llevarlo hasta sus máximas consecuencias, que a veces llegaron a la incoherencia total, rayana en la locura, como por ejemplo La Inmaculada Concepción que juntos escribieron Breton y Eluard.

ACB - Hablemos ahora de alguno de sus libros. Por ejemplo “El paraíso desenterrado”.
JJC - Este libro, en verdad, representa un largo poema dividido en partes, cuyo fin constituye el relato de una historia mítica de la caída del hombre que procura rehabilitarse, como lo dice el título, “desenterrando el Paraíso”, osadía que implica un desafío.

ACB -¿Un desafío?

JJC - Sí. La recuperación del bien perdido por medio del conocimiento y del amor, como se lo encuentra en la página 14: “¿Qué historias son esas de la vida eterna/nada hay más allá de ti y de mí/ven y mientras los demonios desentierran el paraíso/nosotros seremos a la vez el infierno y la Gloria/nosotros seremos la eternidad”.

ACB - Es decir que usted pretende, por medio del diablo, que es la rebelión, alcanzar la superación.

JJC - La filosofía secreta de este libro sería la de bregar por la unión y cooperación de los hombres entre sí, o sea, exaltar el sentimiento de equipo, única fórmula con la que, llevada a sus últimas consecuencias, el hombre podrá intentar luchar con alguna probabilidad de éxito con el gran misterio que significa la vida, ese enigma que representa nacer y morir, como lo enuncia las palabras del poema en la página 53 cuando dice: “La vida es el demonio del orden luchando contra el Ángel del Caos. La Vida, conduciéndonos de uno a otro infinito nos va uniendo secretamente a la inmortalidad”, o en la página 82: “Acicalados como dos señores para el suicidio/juntos nos entregamos a nuestra sed de incesto/sumergiéndonos en un sueño muy antiguo/en una maraña de demoliciones/escombros de miel y ruinas descaradas/para morir y renacer/ diversificarnos y unificarnos/hasta alcanzar el ritmo del Universo/mientras la Vida en la puerta está sentada/esperando”; o en la página 76: “sólo el pecado puede darnos la sabiduría/amémonos ferozmente no importa cómo/es el instante diabólico en que el Infinito se hace angustiosamente visible/las gaviotas chillan a lo lejos/los susurros de los arbustos pasan velozmente a ras del suelo/y huellas desconocidas aparecen en la playa/es la hora en que tus cabellos cubren mis ojos/y el pecado se arrodilla a rezar”; o en la página 70: “¡salvemos el pecado!/¡la maldición ha sido vencida”; o en la página 51: “pues a su lado afrontaba el miedo, el sufrimiento y las torturas que me convertían en un nuevo ser. (El verdadero pecado hubiera sido no atentar contra Dios). Fue así como conocí el auténtico nombre de los demonios…

ACB - Pero esa cruzada a favor del equipo no es nueva porque ya lo dijo Jesús: “Amaos los unos a los otros”.

JJC - Sí, pero mi prédica, aunque ontológicamente se base en dicha premisa, está dirigida al mundo moderno, cuya cooperación entre los hombres ha desencadenado la tecnología. O sea que el equipo, base de todas nuestras conquistas actuales, inclusive la aportada por los hombres primitivos, son las que gracias a ellas la humanidad llegó a ser lo que es hoy, y que representa, en definitiva, un largo, azaroso y desordenado proceso de equipo. Una acumulación de conocimientos que han ido aumentando y transmitiéndose de generación en generación hasta distanciarnos completamente de la bestia.

ACB -¿Es entonces “El paraíso desenterrado” una obra hermética?

JJC - Hasta cierto punto. Aunque su significado no es indescifrable para todo aquel que quiera leerla en profundidad y no se limite solamente a ver “imágenes” o lo erótico sino la transitoriedad del yo, del bien y el mal sublimados, así como sus valores estéticos, semánticos, sus alusiones psicológicas, filosóficas y, especialmente, esta atmósfera religiosa basada en una suerte de satanismo angélico, en esa perversión divinizadora (Página 63: “bienvenida sea la abyección/que nos destruye/y nos reconstruye en tu reino”). Es decir, donde lo malo se torna bueno porque es precisamente malo, ya que lo bueno es lo malo divinizado (se llega a la pureza a través de lo corrupto) y lo simplemente bueno es el caldo de los tibios, que ya fueron repudiados por la propia Biblia.

ACB - Esa reversión de lo malo en lo bueno significaría entonces que lo malo es el estado natural de todo lo que existe y lo bueno un subproducto pasajero.

JJC - Lo digo justamente en la página 95: “El pecado es uno de los caminos hacia la santidad”, o lo que yo llamo “la moral de las catástrofes”: un desequilibrio en busca de su equilibrio. Porque el universo es eso: una gigantesca catástrofe representada por una terrífica explosión: la actualización constante de lo virtual, según Lupasco, o el universo en expansión según Eddington, como está expresado en la página 38: “…la molicie corría entre los objetos más íntimos con un extenuante sabor terrenal, que ella disipaba empujando con gesto liviano los siglos para que todo cobrara alrededor nuestro la lujuriosa armonía de un extenso cataclismo”.

ACB - Es decir, lo malo que genera a la vez lo bueno, lo bello y lo perfecto. En definitiva genera a Dios, confiriéndole a esta palabra el sentido del arcano último.

JJC - Y por lo cual Dios sería en sí mismo una catástrofe en acto (facultad que obra) y por lo que la Belleza residiría justamente, como ya lo señaló Baudelaire, en su poema “Una carroña”, en la tragedia de esa catástrofe universal. Pensamiento avalado por el constante des-hacerse (re-hacerse) de la materia y el morir y nacer de los seres.

ACB - Entonces el Paraíso es el Paraíso porque no puede ser el Paraíso.

JJC - Si. Nada “es” porque es, sino porque no puede ser. Y por consiguiente (como el chorro de la fuente) todo no es más que una ilusión creada por el movimiento constante: el Velo de Maya que ya nos adelantara la antigua filosofía hindú. Resumiendo, que todo se halla en permanente estado de “actualización” sin llegar jamás a consolidarse, porque nunca podrá consolidarse y todo debe ser pasajero porque ser “pasajero” es la condición primordial para poder “ser”.

ACB - Ceselli, expliquenos ahora por qué, no obstante cuanto acaba de expresar, la primera impresión que causa su libro es la de una acentuada atmósfera erótica.

JJC - Para definir con claridad la respuesta debo señalar, en primer término, que no se trata de un erotismo de bajo nivel, puramente carnal, sino de un erotismo metafísico, una pretensión de sacralizar el Eros, a veces paralela a la que emplearon ciertos místicos, como San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Jesús, Jacob Boehme, entre otros, o como algunos místicos orientales para los que las emociones componían una suerte de raptos inefables con los que, por medio del amor (recordemos aquí el Shati de Laya Yoga que en la culminación del orgasmo se comunicaba con Dios) unían sus almas en el éxtasis metafísico, el estilo de John Donne y sus revelaciones de una inenarrable felicidad espiritual en la Tierra. Y así como ellos, para dar más realismo y efusión a esa sublimación metafísica, hablando de las “bodas del alma con el Ser Supremo”, o del “matrimonio del espíritu con Dios”, así como de la “unión del amado con la amada” y otras imágenes aparentemente sensuales y terrenales, yo me refiero a la unión de los sexos para perpetuar la vida sublimada en el connubio del poeta con la Poesía para trascender la materia grosera y elevarse hasta alcanzar la infinitud.

ACB -¿Hay más alusiones secretas o significaciones ocultas o implícitas?

JJC - Sí. Y son referencias, sentidos, símbolos, alegorías que no están encubiertas para quien tenga el interés en descubrirlos. Como por ejemplo en la página 94: “¿quién puso en el mundo la maldad sino Dios?/él es nuestro enemigo y sólo tenemos para combatirlo nuestros sacrificios secretos/nuestras fatigas anónimas/actos de bondad que nadie conocerá jamás/Dios está escondido en el vacío/y el cielo pende del Infinito como una ciruela de la rama/¿quién soy yo entonces sino el aprisionado/el perdonado/el entregado?”

ACB - Esas son palabras que se las puede calificar de herejías.

JJC - En apariencia. Porque lo que verdaderamente se pone en evidencia es que sin ese atentado el hombre sería todavía una partícula de mineral o un ser inferior. Como lo señaló en mi otro libro “La Selva 4040”: “El hombre, al conquistar el Amor, se alejó de la bestia tanto cuanto se acercó a Dios”. Sí. Es un atentado, pero un atentado necesario que nos conduce por medio del dolor, del sufrimiento, de las inenarrables vejaciones que diariamente padece la criatura humana, a la ascensión, a un perfeccionamiento obligado a inexorable de nuestra senda hacia la divinidad.

ACB - O que, por consiguiente, sin lucha y sin dolor no hay superación.

JJC - Indudablemente. Por dicha razón en otro libro que todavía está inédito digo: “Dios no es más que una idea, pero una idea todopoderosa como Dios”.

ACB - Tengo entonces entendido que "El paraíso desenterrado" como "La Selva 4040" además de estar consagrados al amor, al erotismo, al misterio de Dios y a la posición del hombre en la Tierra, poseen claves que responden a la magia, a la alquimia e inclusive a los secretos del Tarot.

JJC - Efectivamente. La sola lectura del índice de "El paraíso desenterrado" indica que los cuatro primeros capítulos:Coagulación, Fijación, Reducción y Sublimación, responden al proceso alquímico que se utilizaba para la transformación de la materia vil en materia noble, tal como lo concebían aquellos viejos sabios idealistas. Por el contrario, el quinto capítulo, en lugar de estar señalado con el número 5, está encabezado con los números 4+1, que representa a Dios, que si bien igualmente suman 5, en verdad quieren significar que cuatro, es decir los cuatro elementos: el agua, el aire, el fuego y la tierra, más 1, que representa a Dios, significa, de acuerdo a la fórmula empleada en los tradicionales textos mágicos, el símbolo del Hombre.

ACB -¿Y cuál es su conexión con el Tarot?

JJC - Todo el libro responde en su espíritu al Tarot. Pero el último capítulo está consagrado a él, porque está integrado por cinco poemas largos que, de acuerdo a su presentación tipográfica, pretenden reflejar el pensamiento continuo de la mente humana, en este caso la del poeta, respondiendo cada uno de estos poemas a otras cartas del Tarot de Marsella cuyo significado secreto y agorero está reservado solamente a la imaginación de aquellos que conocen el significado mágico de estas caras que se usan para la adivinación.

ACB - Pasando a otro tema, ¿usted cree que el poeta debe consustanciarse con la realidad de su tiempo, comprometerse con los problemas sociales de su época?

JJC -¿Cómo sería el mundo si no existieran los poetas? En un medio convulsionado como lo es el presente, cercado de profecías apocalípticas, aunque también enriquecido por grandes realizaciones que conmueven los cimientos de las más arraigadas convicciones, la decisión de ser poeta parece constituir un acto heroico o absurdo, un acto que, siendo por un lado una segregación resulta no obstante también de entrega, ya que representa una suerte de sacerdocio, una especie de flor salvaje en un baile de gala que alienta nada menos que la pretensión de imponer la justicia por sobre todo los intereses, de decretar la abolición del egoísmo para transformar la existencia de los hombres en un acto de amor. Por eso el poeta es un ser eminentemente social, el oxígeno que ensancha nuestras ansias de una vida mejor, el águila que por volar tan alto tiene el privilegio de ver la aurora antes de que amanezca. Basta, por consiguiente, la sola presencia del poeta en una sociedad para desempeñar en ella una función catalítica, porque como todos esos seres que nacieron con la sangre enriquecida por los glóbulos feroces de la insatisfacción y el apasionamiento, es un ser en estado constante de transformación que transforma transformándose, el individuo que basa su ética no en la domesticidad de las sombras solapadas, sino en las peligrosas y tumultuosas transparencias de los huracanes en libertad.

ACB -¿Y cuáles son esas relaciones entre los poetas y nuestra sociedad?

JJC - Los poetas son ante todo hombres. Hombres que ríen o sufren, ciudadanos como todos los otros que en la calle su silueta se confunde con todas las siluetas, pero que dentro de su espíritu ha estallado un ángel: la rebelión contra la estupidez y la maldad. Son seres que con sus espantosas voces pretenden decir la verdad, que intentan aniquilar la desgracia hablando de la belleza, que procuran justificarla vida poniéndola a cubierto del egoísmo, de la mugre, de la miseria. Son seres hipersensibles que ante esas pizarras periodísticas rodeadas de luces resplandecientes, de lujosas empleadas con la última falda a la moda llevando sobre sus ojos el boato, el hechizo, el esplendor de sigilosos encuentros en ostentosos hoteles donde el amor camina desnudo entre caricias y deleites, ve en cambio fluir la sangre, caer la sangre, chorros de sangre y de catástrofes, a hombres que aúllan de dolor, seres que nadie oye a pesar de que se encuentran allí, metidos en una cifra, encerrados en el nombre de una población, con sus horrendos gritos, con sus gestos terribles, sus miembros mutilados, sus hijos muertos por la metralla, el hambre, los terremotos, la sequía…

ACB - Ante tantas calamidades, ¿cómo reacciona el poeta?

JJC - Padeciéndolas, angustiándose y toma su portafolios, lo abre y arrancando de su estupor una frase la anota y se va a ahogar su inquietud en un café, en su oficina o frente a un cliente que le propone la compra o venta de algo, mientras el corazón sigue macerando palabras, esas palabras que luego constituirán un verso que trata de encerrar entre sus sílabas el dolor, la ilusión o el mendrugo de felicidad o de ternura que en un momento alumbró su alma con el indescriptible milagro de la revelación.

ACB -¿Y resulta suficiente esa actitud del poeta para cambiar el destino de una sociedad?

JJC - A veces sí, a veces no. Pero casi siempre sirve para preparar el cambio. Digamos, por lo tanto, para terminar, que del mismo modo como el sueño torna más intenso el amor, la poesía torna más intensa la vida, porque abarca desde una brizna hasta los confines del infinito, porque crece tanto entre las rocas como en los vendavales, palpita como un pájaro aprisionado entre las manos o hace detener la angustia que golpea sobre los cristales de la ventana, y del mismo modo como la vida constituye un equilibrio entre lo visible y lo invisible, poesía es un equilibrio entre la belleza y el delirio, la presencia inesperada del asombro, del misterio, de la divinidad. La poesía acelera el pulso de la hierba cuando amanece, posee el temblor de las novias, el atractivo de los cuartos donde duermen las doncellas, la melancolía de las vitrinas donde deslumbrados se detienen los niños pobres a soñar.

ACB -¿Qué representa entonces el medio social para el poeta?

JJC - Como ya lo hemos señalado anteriormente, no queda más remedio que aceptar que el bien es temporal y el mal eterno y que la vida es lucha, seducción, exorcismo, una batalla desatada en el comienzo de cada aurora, una conquista perenne jamás lograda pero siempre en marcha, constantemente actual, pero que no se da reposo, que no se detiene como no se detiene el festín del óxido sobre la vetusta reja del viejo solar. Y el poeta, signado por su inspiración impía y a la vez santa, implacable como un violín de azufre, como una catarata de yodo, como la dentadura incandescente de Satán, es el que elige su camino para provocar una revolución que busca volcarse sobre sus semejantes como un grito para darles a conocer los paisajes al rojo del delirio, de ese delirio que cada poeta revela a su manera, porque poesía es revelación, es conjuro, el canto de los pájaros y el aullido del lobo, una joya en llamas envuelta entre los tules de lo cotidiano, la victoria ardiente en la palabra Libertad.

ACB - Hablemos ahora más detalladamente de "La Selva 4040", ¿cuál sería su motivación fundamental?

JJC - Una suerte de confesión, el relato de vivencias felices y penosas de un poeta, algo así como la descripción de su conjunto con la Poesía y, a veces, con la desesperación. Por tales razones el libro comienza como un relato de momentos mágicos para desembocar luego en la rebelión o la impotencia de la muerte y el dolor, que lo llevan finalmente a la locura. Podría decirse también que se trata de aventuras vividas al lado de una criatura totalmente imaginaria, o el apasionado esfuerzo por poseer a la mismísima Poesía, ya que ésta, si bien es irreal, o ilusoria, participa igualmente de lo material, o del vivo, cuando actúa como algo existe, como algo que deja su impronta sobre las cosas o penetra dentro de nosotros al cobrar la forma de una mujer que pasa, de una ave que vuela, de un rayo de sol que se introduce disparatadamente en una habitación donde todo es tristeza y muerte para poner una insólita nota de increíble algarabía, de desconsiderado optimismo.

ACB -¿A qué se debe que suerte de anarquía en las fechas que saltan de una época a otra?

JJC - Esa aparente arbitrariedad o desorden en el tiempo cronológico pretende dar la sensación de que pasado, presente e inclusive futuro componen en la obra una unidad donde el calendario no rige; por la cual se puede ir y venir dentro de ese territorio como se va y se viene dentro de la memoria, o como cuando se recorre una ciudad o se lee u hojea hacia el comienzo o hacia el final las páginas de una novela.

ACB - Diríamos entonces que en su libro usted dispone de la "atemporalidad" de acuerdo a sus deseos?

JJC - Trato de desarticular lo temporal y manejarlo, por lo menos con la imaginación, libremente, trastocando momentos, lugares, estaciones, trayendo o llevando las horas de un lado para otro, donde cada escena asumida, o por asumir, puede proyectarse o vivirse como se desee.

ACB - Una pretensión a la que desde los albores de la conciencia de la humanidad se ha consagrado mucha gente, la punta entre la memoria y los presentimientos.

JJC - Exactamente. De acuerdo con esta puja la memoria representaría uno de los elementos fundamentales con los que está construido el Universo. Sin memoria éste no podría existir, razón por la cual en la Eternidad la memoria, el tiempo y el espacio se hallarían allí estacionados como los objetos de un vasto almacén, pudiéndose disponer de ellos indiferentemente como unidades sueltas.

ACB - La memoria sería por consiguiente el elemento básico de la "Selva 4040" incidiendo sobre las pasiones y los hechos cotidianos, disponiéndolos a su arbitrio, así como lo hace también, digamos, con otras entidades abstractas o físicas.

JJC - Sí, porque allí se conjugan el amor, el tiempo, la muerte, el erotismo, así como las enfermedades, apetencias, los sueños, los que representan en determinados momentos, las maneras de expresarse de los distintos "yo" que componen la personalidad de un solo individuo ya que, en verdad, cada criatura humana constituye una infinita sucesión de "yoes".

ACB - Y que constituyen a la par las infinitas maneras como ante nuestros ojos se nos presente la vida.

JJC - Sin lugar a dudas. Por ello este libro ha sido compuesto teniendo como mira la teoría de la "Segunda cara del Universo", que se menciona en una ilustración que aparece en la primera página de la obra, pero también refiriéndose a la constante división del Cosmos y de la existencia de los seres en ramales de tres, que constituyen el último peldaño para alcanzar la unidad.

ACB -¿Quiere decir lo que genéricamente llamamos trivios y en la religión "La Trinidad"?

JJC - Justamente. Porque así como cada uno de estos conjuntos que forman el largo-ancho-alto, estaría también el espacio-tiempo-memoria. Y a pesar de que parecerían estar indisolublemente unidos pueden, no obstante, ser desarticulados y considerados por separado, de igual manera como ocurre con el sentido total del mensaje que pretende ofrecer "La Selva 4040", que en primera instancia podría desglosarse en tres temas fundamentales: los "cernos", los recuerdos y un tercero más sigiloso que no escapará a la sagacidad del lector. Aunque ahondando aún más esta primera interpretación se hallarían otros "trivios": la rebelión, el delirio y el pretendido connubio con la Poesía. Y así, sucesivamente, pues, ¿qué otros significados no descubrirán en esas páginas aquellos que traten de leer entre líneas con los ojos liberados de las "Fuerzas secretas"?


* (Reportaje realizado por Alberto Claudio Blasetti y publicado originalmente en Scandalar, Nueva York, Julio-Septiembre, 1981)

Fotografía: Juan José Ceselli entre Aldo Pellegrini y Francisco Madariaga