sábado, 2 de julio de 2016

IVES BONNEFOY



ENTREVISTA a YVES BONNEFOY
Por Octavi Marti

Marti: Usted ha dicho que el gran vehículo de la poesía es la confianza, primero en el otro, luego en la palabra. Su obra está muy marcada por la voluntad de renovar las relaciones con el mito y lo arcaico. ¿Se trata de un deseo de retomar la palabra original, liberada de adherencias de todo tipo?

Bonnefoy: Es cierto que desde siempre me he interesado por el mito. Hace dos décadas coordiné el trabajo de historiadores y analistas franceses de los mitos en un Diccionario de las mitologías concebido como una encuesta sobre la naturaleza de los mitos y su razón de ser. Pero no por ello creo que el futuro de la sociedad -o el futuro del espíritu, pues no quiero separarlo de aquélla- sea, como creía ese gran pensador del surrealismo que fue André Breton, la creación de un nuevo mito en el seno del cual las necesidades humanas puedan establecer una dialéctica y armonizarse. Tal y como demuestran los estudios de las más opuestas sociedades, los mitos son siempre el resultado de múltiples componentes, muchos de ellos impensados, es decir, fruto de confusiones y errores en la apreciación de las situaciones de la vida. Lo que vale es la razón, el trabajo de la razón, el análisis de esas estructuras complejas o de los deseos y las ambiciones de poder de grupos particulares que se ocultan tras seudoverdades. A partir de ahí es posible separar de toda esa amalgama la forma natural de intercambio viable entre las personas, aquella que mejor garantiza la supervivencia de la humanidad.

M: El tópico quiere que el poeta no profese el culto a la razón.

B: Desde el momento mismo en que emito reservas respecto al instrumento conceptual puede creerse que no soy amigo de la razón, que prefiero el juego libre de la imaginación, tal y como ésta aparece implicada en acciones y acontecimientos concretos de nuestra existencia. No es el caso. Pienso todo lo contrario: que la razón es el único motor concebible del posible progreso humano. ¿Por qué? Porque es capaz de deducir de la realidad empírica formulaciones que todos debemos aceptar, es decir, el mundo de la ciencia. Y, sin embargo, para llegar a esas formulaciones necesita reducir lo que estudia al estatuto de cosa, lo que hace de los objetos de su atención -y también de nosotros- entidades que parecen manipulables y que nuestro deseo querrá poseer, consumir, diría yo. De ahí que nuestra voluntad se vea destinada a perseguir lo irreal, a empantanarse en quimeras, a perderse en lo fantasmal. El pensamiento conceptual, cuando no es ciencia pura, se ve entorpecido por fantasmas que contribuyen a encerrar cada persona en su soledad y a empobrecer el gran intercambio posible.

M: Pero  ¿Cuál es el papel de la poesía en el proceso que describe?

B: Es en nombre de la poesía como hay que luchar contra esos fantasmas que empañan el pensamiento, contra esa confusión de la mente ocupada por motivaciones egoístas e inconscientes. La razón, que sabe que un gato es un gato y que dos y dos suman cuatro, nos permite ver de manera más directa cuáles son las necesidades humanas en este mundo. Para mí, la poesía es lo que libera la acción de hipótesis falsas, de representaciones que también lo son y en las que se pierde la palabra. La poesía hace que pasemos del espíritu de posesión, impulsor de equívocos y guerra, al deseo de participación simple y directa en el mundo.

M: Su manera de referirse a la razón remite a esa idea de Adorno sobre la imposibilidad de hacer poesía después de Auschwitz. Para usted es la filosofía y no la poesía la que debiera tener dudas sobre su viabilidad...

B: Es verdad, esa frase de Adorno repetida aquí y allá se me antoja incomprensible, salvo que ese filósofo de la creación artística no llegara nunca a comprender lo que es la poesía. En resumen, puede que Adorno creyese, banalmente, que la poesía consiste en soñar que el mundo es hermoso y que el hombre y la mujer son bondadosos en medio de un mundo maravilloso, es decir, algo que ha sido cruelmente desmentido por los campos de exterminio. Esas ilusiones volatilizadas, y que no hay por qué poner en circulación de nuevo, eran imaginaciones que la filosofía hubiera debido hacer imposibles a través de una crítica atenta a las trampas en que puede caer el pensamiento conceptual. Si los poetas se han dejado llevar a lo largo de la historia hacia el terreno de las ensoñaciones idealizantes y, por consiguiente, falaces, se debe en parte a que la tradición filosófica occidental tampoco ha sabido liberarse antes de sus quimeras y creencias injustificadas. Pero todos los grandes autores, como Leopardi o Mallarmé, han sido espíritus lúcidos. La poesía, como tal, no se ve cuestionada por Auschwitz. ¿Qué es la poesía? Es aquello que quiere liberar las relaciones entre los hombres de los prejuicios, ideologías y quimeras que los empobrecen. La poesía quiere garantizar un futuro a esa palabra exigente que las ideologías detestan y que el nazismo quiso destruir para siempre. Renunciar a la poesía tras los campos de exterminio sería admitir la victoria de estos últimos.

M: El centro de interés de su obra aparece muy alejado de lo que se ha dado en llamar la "realidad del momento". Según usted, ¿qué relación debe existir entre la poesía o el arte y la realidad?

B:. ¿Es verdad que me intereso poco por la "realidad del momento"? Me lo han dicho otras veces, pero no es así como percibo mi relación con el presente de la sociedad y del mundo. De hecho, nada me preocupa más que la situación en que se ha colocado la humanidad y que se me antoja desastrosa. Somos responsables de peligros inmensos que apenas percibimos. ¿Hace falta que los enumere? El rápido deterioro de las condiciones climáticas, la transformación -que ahora parece fatal- de lo que hubiera podido ser un paraíso en un desierto azotado por vientos irrespirables y que se baña en mares hoy estériles es uno de ellos, como lo es la miseria que destruye una humanidad también amenazada por ideologías perniciosas, ninguna de las cuales tiene ni siquiera en cuenta el futuro inmediato del planeta. Añadamos al panorama el deambular de esa multitud ignorante y salvaje de turistas que oculta con su presencia los más bellos vestigios del pasado... En fin, prefiero no seguir para no dar la sensación de ser un pesimista cuando no lo soy o no quiero serlo. En efecto, por amenazadores que sean los nubarrones que se acumulan en nuestro horizonte común, una evidencia subsiste: la permanencia de la palabra. El simple animal que somos -y que en tantos aspectos seguimos siendo- ha introducido en la tierra, en el espacio ciego, inconsciente, del propio ser, de la materia, el lenguaje, y ésa es la vía que, aunque también sirve de cauce a lo peor, nos ofrece una oportunidad de salvación. Tenemos que confiar en el lenguaje.

M: El lenguaje está pues en el centro de su reflexión y de su manera de estar en el mundo.

B: La esperanza que deposito en el lenguaje es la que hace que parezca que no me intereso por los problemas contemporáneos. Mi reflexión, mi trabajo, consiste en dar prioridad a todo lo que puede ayudar de manera más radical y directa a mejorar la situación: no ataco los conflictos o debates del momento, uno a uno, sino que he optado por ir a buscar la raíz del mal: el desastroso empleo que nuestra modernidad hace del lenguaje. Obnubilados como estamos por el desarrollo del conocimiento científico -que, como tal, es admirable- y prisioneros como somos de las aportaciones tecnológicas -que pone más y más distancia entre nosotros y la experiencia de la realidad natural-, hoy sólo pensamos y hablamos de manera conceptual, es decir, sirviéndonos de nociones y representaciones generales, que nada saben del tiempo, que nos hacen olvidar nuestra condición de mortales, que nos impiden comprender el valor fundamental del instante vivido, que nos alejan de los demás seres, unos seres que sustituimos por la idea abstracta que nos hacemos de la humanidad y de cada uno en particular. Resumiendo: perdemos contacto tanto con la profundidad del lugar que ocupamos en la tierra como con la dignidad de las demás personas. Ésa es la maldición que acompaña nuestra palabra.

M: El término "maldición" sugiere fatalismo...

B: ¡Es una maldición contra la que se puede luchar! En los poemas encontramos palabras, sonidos y ritmos que permiten escapar a ese encadenamiento conceptual que monopoliza nuestro discurso cotidiano. Es una manera de reabrir el espíritu a una comprensión más inmediata y plena de la existencia. Ese recurrir a una música elemental, original, esa implicación del cuerpo en el ejercicio de la palabra, pone en evidencia nuestras auténticas necesidades de seres que viven en el azar y el tiempo, en la finitud. Ello no significa que baste para poner fin a las contradicciones y a los conflictos en los que anda empantanada la humanidad, pero sí sirve para separar, para devolver su pureza a la única corriente que, a la larga, puede hacer florecer de nuevo la realidad. Debido al temor que siento ante el futuro de la sociedad humana es por lo que estimo necesario que, al menos unos pocos de entre nosotros, nos ocupemos y tengamos como prioridad la investigación poética de lo inmediato a través de las palabras, aunque parezca que nos desentendemos de los aspectos cotidianos del devenir histórico, en el plano político por ejemplo, el cual -créame usted- está en el centro de mis preocupaciones cuando, cada mañana, escucho las tristes noticias de estos años. Es en el nivel fundamental de la relación con las palabras, en el seno de significaciones que ocultan la plenitud de las cosas, donde hay que comenzar la lucha contra la violencia y la injusticia. Se trata de cuestionar, no los poderes del concepto, sino su tendencia a limitarse a unas representaciones del mundo autosuficientes, que se olvidan de nuestras necesidades de mortales.

M: Ese culto a la palabra es indisociable de su actividad como traductor de Shakespeare y de otros poetas. ¿Qué le aporta de específico la traducción?

B: Es una actividad específicamente poética. En efecto, traducir no es igual que leer. Cuando se lee se está obligado a ir relativamente deprisa, es imposible dedicarse a un intercambio con detenimiento con el autor de la obra. Y si se quiere profundizar ese intercambio a través de la reflexión crítica, entonces se escribe un análisis de la obra, un ensayo, es decir, hay que embarcarse en ese pensamiento conceptual que priva, tal y como he intentado explicar antes, de la intuición poética, la del otro ser humano como presencia en el absoluto de un instante compartido. El traductor tiene, sin embargo, otras obligaciones que pueden constituir una gran fortuna, pues si por un lado está obligado a ceñirse al menor detalle de los textos, a conocer todos sus aspectos, aunque le obligue a dedicar a ello largos momentos de su vida, estableciendo así con el poeta que traduce una relación de tú a tú fundada en la búsqueda de la verdad, una relación verdaderamente íntima que no tiene equivalente en nuestras vidas, pues la relación amorosa no es necesariamente lúcida, por otro lado, en la medida en que traduce -dentro de lo posible- poemas por otros poemas, puede realizar ese acercamiento al otro a través de esos sonidos y ritmos que constituyen la escritura poética, una escritura que trasciende desde el interior mismo de las palabras a su condición de meros conceptos y permite comprender una trascendencia parecida en el poeta traducido. Y esto es tanto más enriquecedor cuanto que la interrelación de conceptos entre un idioma y otro es distinta. Ello sugiere al traductor que debe considerar esas interrelaciones relativas y no absolutas y darse cuenta de que la mirada conceptual no aborda la totalidad de nuestra práctica del mundo. El traductor, de entrada, vive una experiencia auténticamente poética. Su propio proyecto le prepara para revivir la poesía que ha escogido traducir.



(Entrevista aparecida en Babelia, suplemento cultural del diario El País en enero, 2004) 

miércoles, 25 de mayo de 2016

EMILIO ADOLFO WESTPHALEN



CÓMO COMENTAREMOS LA POESÍA

Si queremos ver del persistente problema de comentario a la poesía, nos preguntaremos; ¿qué es lo más pertinente a la labor de exégesis y conocimiento? Aquella preocupación, imperdonable por pedante, que establece definiciones y procura, dentro de clasificaciones casi siempre arbitrarias y generalidades por demás enrarecidas, encerrar el hecho concreto, rico, vario, cambiante, de una presencia poética verdadera. O la contraria, que no da otra cosa que la muy particular impresión subjetiva, la cual al depender del temperamento de cada uno, incidirá obligatoriamente en la eclosión de un nuevo poema en respuesta a la poesía provocadora. En divergencia con ambas, podríamos aceptar otra actitud, con la cual disculparíamos la actividad de rastreo y seguimiento del acto ajeno de creación.

La obra poética erige su presencia enigmática y tangible; el afán de conocimiento no se contentará con el abandono al contagio de la emocionada huella de vida, sino que además se enfrentará al gran compás de problemas turbadores que su existencia proclama: tratará de establecer las etapas oscurecidas que tras de sí dejó el creador, las motivaciones que con sutiles pero indestructibles vínculos unen nuestra sensibilidad admirada a la obra sobrecargada de significaciones profundas; de construir un andamiaje de relaciones desde nuestras pasadas experiencias a la recién adquirida. En la enmarañada confluencia de provocaciones que forman el creador, su obra y el mundo circundante, el comentarista señalará las características que confieren importancia según la determinada obra. Así se verá de revelar, si es posible, el trasfondo más oculto de la poesía que cual núcleo de vida en su origen borbotea.

Pero aclaremos: todo el andamiaje, toda esa labor que en lo esencial es fijar las coordenadas de acuerdo con las cuales admitimos el valor que para nosotros posee una obra de poesía, no es sino trabajo derivado y al margen del goce poético mismo. La relación entre nosotros y la poesía para que ésta llene su función de tal no es sino la más directa, la más sin intermediarios y sin explicaciones. La poesía no se revela en las consideraciones y en las elucubraciones que el intelecto alrededor de ella pueda tejer, sino en la emoción poética que a su contacto estalla irresistible e imprevisible. El acto de creación y el acto de degustación poética coinciden así en el carácter de revelación, de súbito establecimiento de simpatías, de superación de la actualidad, de apertura de un más amplio margen a nuestras posibilidades de emoción, la realidad se atiene al cambio, y el deseo del hombre que señala el camino.

Mas las alturas son puntos aislados de privilegio y singularidad. No es pues paradójica si reconocemos que aunque la poesía cuando nos coge es como cuando de pronto un rostro nos deslumbra y da sentido nuevo a nuestra vida, sin embargo, las preparaciones que alrededor de una poesía pueden adelantarse, los distintos puntos de vista que sobre ella han recaído, las relaciones que entre sus diversas manifestaciones pueden designarse, y entre ellas y las actividades otras y distintas de nuestra vida, todo ello por seguro no empaña sino la lava y prepara y dispone a mejor visión y a más claro reconocimiento.


(Diario La Prensa, Lima, 5 de enero 1947)  



JULIO CORTÁZAR



CARTA ABIERTA A LA PATRIA

Esta tierra sobre los ojos, este paño pegajoso, negro de estrellas impasibles, esta noche continua, esta distancia. Te quiero, país, tirado abajo del mar, pez panza arriba, pobre sombra de país, lleno de vientos, de monumentos, de esperpentos, de orgullo sin objeto, sujeto de asaltos, estúpido curdela inofensivo puteando y sacudiendo banderitas, repartiendo escarapelas en la lluvia, salpicando de babas y estupor canchas de fútbol y ring sides. Pobres negros. Te estás quemando a fuego lento y donde el fuego, donde el que come los asados y tira los huesos, malandras, cajetillas, señores y cafishios, diputados, tilingas de apellido compuesto, gordas tejiendo a dos agujas, maestras normales, curas, escribanos, centrofowards livianos, Fangio solo, tenientes primeros, coroneles, generales, marinos, sanidad, carnavales, obispos, bagualas, chamamés, malambos, mambos, tangos, secretarías, subsecretarías, jefes, contrajefes, truco, contraflor al resto.

Y qué carajo si la casita era un sueño, si lo mataron en pelea, si usted lo ve, lo prueba y se lo lleva, liquidación forzosa, se remata hasta lo último. Te quiero, país tirado a la vereda, caja de fósforos vacía.

Te quiero, tacho de basura que se llevan sobre una cureña envuelto en una bandera que nos legó Belgrano, mientras las viejas lloran en el velorio, y anda el mate con su verde consuelo, lotería de pobre.

En cada piso hay alguien que nació haciendo discurso para algún otro que nació para escucharlos y pelarse las manos. Pobres negros que untan las ganas de ser blancos, pobres blancos que viven en un carnaval de negros. Qué quiniela, hermanito, en Boedo, en Palermo y Barracas, en los puentes, afuera, en los ranchos que paran la mugre de la pampa, en las casas blanqueadas del silencio del Norte, en las chapas de zinc donde el frío se frota, en la Plaza de Mayo, donde ronda la muerte trajeada de mentira.

Te quiero, país desnudo que sueña con un smoking, vicecampeón del mundo en cualquier cosa, en lo que salga: tercera posición, energía nuclear, justicialismo, vacas, tango, coraje, puño, viveza y elegancia. Tan triste en lo más hondo del grito, tan golpeado en lo mejor de la garufa, tan garifo a la hora de la autopsia.

Pero te quiero, país de barro, y otros te quieren, y algo saldrá de este sentir. Hoy es distancia, fuga, no te metás, que vachaché, dale que va, paciencia. La tierra, entre los dedos, la basura en los ojos, es estar triste, ser argentino es estar lejos, y no decir mañana porque ya basta con ser flojo ahora.

Tapándome la cara, me acuerdo de una estrella en pleno campo, me acuerdo de un amanecer de Puna, de Tilcara de tarde, de Paraná fragante, de Tupungato arisca, de un vuelo de flamencos quemando un horizonte de bañados.


Te quiero país, pañuelo sucio, con sus calles cubiertas de carteles peronistas, te quiero sin esperanzas y sin perdón, sin vuelta y sin derecho, nada más que de lejos y amargado. Y de noche.

miércoles, 23 de marzo de 2016

LOS POETAS SURREALISTAS ARGENTINOS



Entrevista a MARÍA MELECK VIVANCO:
por RAÚL HENAO

La gravitación de la poesía surrealista francesa en los poetas latinoamericanos de comienzos y mediados del siglo pasado, fue la del paso de un astro imprevisible y tornasolado. Un encuentro fortuito (y no una seducción) del orden de aquellos “bello como (...)” receta mágica y encantatoria que patentara como de su exclusividad el Conde de Lautréamont, para refrendar en adelante el uso de las imágenes poéticas más insólitas o arbitrarias, los amores menos ortodoxos o convencionales, el humor más negro o absurdo... enmarcados en el espacio de una ética y estética rigurosas y en prosecución de lo absoluto.

Hay que anotar sin embargo, un cambio ocurrido en la manera de entender el surrealismo en su versión iberoamericana a partir del marco y los derroteros conceptuales que le trazara el poeta y profesor rumano Stefan Baciu en su famosa Antología de la poesía surrealista latinoamericana (Ediciones Universitarias de Valparaíso, Chile, 1981) hasta la muy reciente aparición del excelente ensayo antológico O Começo da Busca (El comienzo de la Busca. Escrituras Editora, Sao Paulo, 2001); más en consonancia con los deseos y expectativas que abrigaba a este respecto el propio André Breton, tres años antes de su muerte (ver Perspective Cavaliére. La Breche No.5. Octubre de 1963) Y donde Floriano Martins, a través de la obra emblemática de doce poetas modernos, representativos de esta tendencia en Iberoamérica (algunos de ellos tildados de parasurrealistas por Baciu) nos invita a retomar –o mejor, a rescatar- la vigencia nunca prescrita de una poesía de factura onírica e irracional, a la que cierta crítica universitaria o académica viene descalificando como contraria a la idiosincrasia de una supuesta, imprecisa, identidad latinoamericana.

He querido pues, en esta entrevista con María Meleck Vivanco (concebida un poco en la tónica del Solo a dos voces de Octavio Paz y Julián Ríos) recrear en alguna medida la atmósfera y el entorno biográfico que – alrededor de la revista A partir de O, y el año 1952 – identificaba al primer grupo surrealista argentino fundado por Aldo Pellegrini, el espléndido, admirable poeta de La valija de fuego (Editorial Argonauta. Buenos Aires. 2001)... Un poeta desde todo punto de vista capital en el contexto de las letras hispanoamericanas, que ha tenido que esperar casi treinta años luego de su muerte, para ver reunida (y reeditada) su obra poética completa.

Quiero finalmente agradecerle a María Meleck su paciencia y generosidad al responder las preguntas de este cuestionario generacional que sólo de modo incidental alude a su propia poesía. Porque hay que decir que la poesía de María Meleck Vivanco ilustra como pocas en la actualidad aquella entrega a lo maravilloso que apenas se desvela a campo traviesa de la cordura y el sentido común, adentrándonos en lo profundo del bosque hasta la guarida del lobo de la ternura y el amor loco.

RH - María Meleck, en alguna de tus reseñas bio-bibliográficas se afirma que naciste en el Valle de San Javier (de Tras las Sierras) y en otras en Villa Dolores. Córdoba. Por pura coquetería o reticencia muy femeninas, no figura la fecha de nacimiento. ¿Quieres hablarnos de esta primera etapa de tu vida? ¿Cómo fue, por ejemplo, tu primer encuentro con la poesía?

MMV- Deseo aclarar el dilema de mi nacimiento. Fue en la provincia de Córdoba al Oeste, en el valle de San Javier (tras las sierras de Comechingones). Con un entorno de pequeñas cordilleras y montes poblados de inagotable riqueza natural, que culminan con el majestuoso pico Champaquí, de 2700 metros sobre el nivel del mar. El valle, mi amado terruño, mi chunka, se haya cubierto por un monte áspero, de una vegetación achaparrada y espinosa donde viven alimañas arcaicas. Lagartos, escorpiones, matuastos, quitilipes, y aves de rapiña. También pumas y cóndores con extraños nombres heredados del habla Inca del Alto Perú, la cual endulza singularmente el acento español de los conquistadores y acrecienta nuestra devoción hacia lo vernáculo, con la historia sagrada de sus dioses legendarios.
La no-aclaración de la fecha de mi nacimiento, tiene dos connotaciones. La primera se debe, si, a mi coquetería femenina, justificable creo, más allá de los 50, cuando empieza a irritarnos el tema como humanas que somos. La segunda, es que siempre pensé, que al inventar el calendario, el hombre selló un pacto con el diablo. Se obligó a mentirse a sí mismo, pues la medida del tiempo es una falacia. Los universos son infinitos y sucesivos en el cosmos, y ruedan en círculos sin principio ni fin, en órbitas que giran sobre sí mismas. Núcleos vertiginosos que pueden referirse con mucha aproximación a la eternidad, donde ya el tiempo se aquieta y permanece inmutable.
Mi encuentro con la poesía coincidió con las primeras impresiones de la naturaleza en mi ser. Huellas nítidas de un territorio fascinante, sensual, intenso, que fluía con sobresaltos, belleza despiadada y algunos terrores. Por ejemplo, la creciente avasallante e imprevista de los arroyos, el fantasmal deshojamiento de los árboles, los botones de oro alfombrando la superficie de las aguas, remolinos en transparentes remansos con flores muy extrañas que exigían de la niña su contemplación. En los despeñaderos, las tormentas con truenos de piedras que alucinaban mi fantasía. Los gusanos de seda que guardaba en cajas de zapatos y que perforaban con sus mariposas el capullo impoluto, haciendo inútil su comercialización. Las libélulas amarillas del alfalfar que yo tomaba y soltaba con mis dedos delicadamente, pero que en los laboratorios agonizaban en ataúdes de cuarzo. Sus frágiles cuerpos pinchados con alfileres sin que yo pudiera protegerlos, herían mi alma hasta la desesperación. Por otro lado, veía también pesados carros colmados de troncos transitando lentamente hacia la usina del pueblo, sus hacheros rústicos, sus mulas exhaustas. Los hombres se apeaban para meter más alcohol en sus gargueros quemados.
Hablaré aquí de la pequeña ciudad aldea de Dolores, donde cursé mis estudios. De esa comunidad pacata que no permitía mi libertad intransferible, y que no aceptaba mi visión diferente de las cosas. Ella terminaría segregándome, convirtiéndome en una cómplice solitaria que disfrutaba del aislamiento. La niña que escribía sus primeros versos en una pizarra escolar, a orillas de las acequias, sobre las raíces expuestas de los sauces llorones, de los álamos y de los grandes mimbres.
Ya entonces empezaba a enamorarme del lenguaje abstracto con las imágenes irreverentes que constituirían mi atmósfera, mi propia respiración.
En la biblioteca de mi padre, tuve acceso a escritores como Víctor Hugo, Rubén Darío, Gabriela Mistral, Alfonsina Storni, Delmira Agustini, Almafuerte, etc. Pero nada me apasionaba más que leer al escritor colombiano José María Vargas Vila. Sus libros Aura o las Violetas, Ibis, Rosas de la tarde, Flor de Fango, me enloquecían. Autor muy prohibido en esa época, tenía que esconderme para devorar sus imágenes sensuales de alto voltaje que funcionaban de maravillas en mi incipiente libido y que me hacían sentir que era mujer apta para el amor, que estaba viva.
Los compañeros de colegio no me participaban de sus juegos ni de sus confidencias, salvo raras excepciones, pero los maestros me amaban, convocándome para discursos y homenajes, pues se sentían felices con el mensaje tan volado de mi escritura.

RH – En su estupenda autobiografía Sólo contra Dios no hay veneno, el poeta Francisco Madariaga te describe como “una bellísima cordobesa de largas trenzas (...) excelente poeta”, novia de uno de sus amigos y condiscípulo: Telo Castiñeira de Dios. Y agrega que por ese tiempo, residías “en una pensión de la calle Piedras 252” donde coincidencialmente también vivían el poeta Enrique Molina y su mujer Susana. A renglón seguido nos habla de los encuentros y reuniones en los restaurantes EL Globo y El Robino , éste último un auténtico fortín radical y socialista. Eran los años 1948 o 1952. ¿A qué poetas conoces primero, a tu llegada de la provincia cordobesa?

MMV- Llego a Buenos Aires en el 1943, atraída por la presencia de mi entrañable amiga Ana Teresa Fabani (Tete), una singular poeta entrerriana de mi generación, gravemente enferma de tuberculosis, y que fallece luego en el 45, dejando un único y excepcional libro titulado Nada tiene nombre. Versos enlutados, estremecidos, dolientes, de una penetración pavorosa. En su departamento me presentaron al poeta Alfredo Martínez Howard, y éste me instala en el primer grupo surrealista. Allí conozco a Enrique Molina, Carlos Latorre ( el Chino), Francisco Madariaga ( Coco o “el Gitanito”), a Telo Castiñeira de Dios, a Alfonso Sola González, y a otros paralelos al movimiento como Olga Orozco, Javier Villafañe; un cachorro de periodista, Jacobo Tímerman, que llegó a ser director y propietario del diario La Opinión, el matutino que ofreció más espacio a la cultura en todas las épocas y que sufriera vejaciones durante el cruel proceso militar.
Más adelante, el grupo se aproxima ( 1945 y 46) a Aldo Pelegrini, Oliverio Girondo y su mujer Norah Lange. Podría hacer un libro con las famosas anécdotas insólitas y muy divertidas que se generaban noche tras noche en nuestra exaltada bohemia. El principal lugar de reunión, era el restaurante Robino , (años 46, 47 y 48) situado en Ángel Gallardo y Corrientes, a una cuadra del tranvía 5 que tomábamos invariablemente para regresar a nuestros lugares de madrugada y en patota. Allí se hablaba de radicalismo, socialismo y también de política de ultra izquierda. Éramos como revolucionarios líricos fascinados por la figura emblemática de Trotsky y admirábamos profundamente al surrealismo francés de Bretón y sus manifiestos. Pero también tarareábamos viejos tangos nostálgicos, memorizando sus letras de total poesía. Comíamos por monedas, abundante y sabroso. Bebíamos tintillo por demás con interminables débitos y la paciencia leal y generosa de esos gallegos dueños del negocio, tan delirantes que se habían convertidos en compinches de los jóvenes intelectuales de la noche porteña.
Los años 45, 46 y 47 fueron de alocada bohemia. En el 48, ya finalizado mi noviazgo con Telo, conozco en un recital de Neruda, León Felipe, Nicolás Guillén y Rafael Alberti con su esposa Teresa de León al que fue mi marido durante más de 30 años, hasta su fallecimiento en 1981. Se trataba del exitoso rematador Luis Guaraglia. Me caso con él y años después nacen mis hijos: Luís Alejandro, que eligió ser médico y Juana, escritora y periodista que reside en Uruguay.
A partir del 50, afiancé más mi relación con Olguita Orozco y nos juntábamos en confiterías del centro o en boliches del bajo Alem, próximos al río, a charlar de todo, hasta de literatura. Intercambiábamos pimpollos de rosas y cartas de colores con improvisados poemas, en un marco de chispeante humor y abundante alegría.
Ya existían las revistas de Molina y Pellegrini Letra y Línea y A partir de 0, y después vinieron otras más, tan machistas como sus creadores, que poseían una cierta elegante displicencia a la hora de incluir nombres de féminas en sus páginas. Parecía que las mujeres éramos valiosas y necesarias sólo a la hora de hacer el amor o de colocar compresas de agua fría en sus sienes pensantes (éstas representan mis tardías deducciones y no hallo otra explicación posible).
En ocasiones, Olga se acompañaba con su pareja José María Gutiérrez, ya fuera en el Chamberi de la calle Córdoba o en el boliche de La Fantasma de Paseo Colón, con el abigarrado núcleo de amigos poetas de siempre, donde Oliverio acomodaba una y otra vez su poncho criollo y Pellegrini entrecerraba sus ojos luego de una guardia brava durante la noche anterior.

RH- Aldo Pellegrini {Rosario, Santa Fé, 1903 –1973) fue el fundador del “primer grupo surrealista de habla hispana y seguramente del primer grupo surrealista en un idioma distinto al francés”, según sus propias palabras... que a partir del año 1928 publica sucesivamente las revistas Que (1928 y 1930) Ciclo (1948) A partir de O (1952 –1953 ), Letra y Línea (1953 – 1954) La rueda (1967), etc. ¿Cómo fueron tus relaciones con Pellegrini que al igual que tu, era médico de profesión; con el fabuloso poeta, ensayista, crítico de arte, editor, traductor, antólogo de la famosa, canónica, Antología de la poesía surrealista francesa y de las Obras completas del Conde de Lautréamont?.

MMV - La figura patriarcal de Aldo Pellegrini y su sentido del humor, lo conectaban rápidamente con sus “amorosos pacientitos”, como él los designaba. Era querido hasta por las piedras, como dijera mi madre. Su sabiduría y su humildad trascendieron tanto como la multiplicidad de sus talentos. Fue ecléctico en el poema, en la plástica y su crítica y en el ensayo. Dejó poca obra editada, sus poemas aún hoy permanecen bastante desconocidos por las nuevas generaciones. Su libro póstumo Escrito para nadie fluye espontáneo, como por una delicadeza emanada de un cause críptico, misterioso. Decía las cosas más terribles sin elevar su voz y quemaba con el sólo susurro. Parecía una música apasionada y secreta.
Nuestra relación, más que profesional fue entrañable en los encuentros y cruzamientos de amistad entre colegas de una misma tribu que se amaron y se respetaron siempre.
Yo no soy médica. Estoy doctorada en Kinesiología, rama de la medicina que trata de la reeducación y rehabilitación física en músculos, huesos y sistema nervioso.

RH- Desde 1979 a 1984 el año de su muerte, sostuve una nutrida correspondencia con el poeta Juan Antonio Vasco. Entre las muchas deferencias que tuvo conmigo, le merecí la de enviarme los originales, por esa fecha todavía inéditos, de Escrito para Nadie, el último libro de A. Pellegrini. Hice los trámites correspondientes para publicarlo en Medellín, pero las circunstancias no fueron favorables y la edición fracasó. ¿Conociste a Vasco, afectado por una terrible enfermedad que progresivamente lo llevó a la parálisis total, pero que sin embargo, jamás consiguió doblegar su voluntad, su entereza sobrehumana, ya que nunca manifestó por escrito una queja o un reproche respecto a su dolorosa condición?

MMV - A Juan Antonio Vasco, lo conocí ya postrado en 1979/80 por una grave enfermedad. No obstante tenía un vigor intelectual notable y una ternura a flor de piel que a menudo humedecía el brillo de sus ojos. Era como un sol, un fuego llegado de la selva venezolana, arrasando con bellísimas metáforas de singular fuerza, siempre con su mitad de patria a cuesta. Repartía poesía inédita con total generosidad, no le corría prisa por su publicación. No le interesaba trascender. Era un joven gran señor que estaba muy lejos de las pequeñas miserias y su aporte al surrealismo fue importantísimo.
Solía decir: Un libro de poesía se sostiene con las cuantiosas preseas del amor, la intransferible utopía y la libertad.

RH- Fuiste amiga personal de Juan José Ceselli “Uno de los más grandes poetas surrealistas argentinos” al decir de Carmen Bruna. En realidad, se trata del poeta más enigmático o secreto del grupo de Pellegrini, con una visión gnóstica y profética del mundo actual. Por una cruel paradoja Ceselli fue “desconocido” sistemáticamente en vida (ni siquiera se le incluyó en la medular Antología de la poesía surrealista latinoamericana del rumano Stefan Baciu, donde, en cambio, si figuran la generalidad de los integrantes del grupo surrealista argentino) y parece que hasta sus escritos inéditos, que el delegara en manos de algunos amigos cercanos, se perdieron. ¿Podrías hacer para los lectores de la presente “entrevista” una semblanza del poeta de La Selva 4040?.

MMV - Juan José Ceselli, apareció en mi vida unos años antes de su muerte. Corría el 1978 y él había participado como jurado en el Premio Municipal, donde yo presenté mi libro Plaza Prohibida (el único que escribí con neta inspiración social) y que aún permanece inédito.
Ceselli consideró injusto que por un voto perdiera el 1er Premio y obtuviera el 2do. Le parecía “deplorable” que (según sus palabras), “una vulgar antologista, ni siquiera poeta me hubiera birlado el 1er puesto mediante una astuta trenza, como se dice por estos lados.
En fin, este lamentable episodio sirvió para conocernos personalmente. Él trató como de reparar la omisión con una mesa de vinos y de flores, homenajeándome en su humilde casa de Selva 4040. Allí fui convocada por su psicóloga de cabecera. Nos abrazamos fuerte y brindamos por la bien amada Poesía.
Lo ví unas veces más, alejados nuestros pensamientos de su irreparable final. Pero fracasamos como niños ilusos. Fuimos vencidos por la adversidad. Fue imposible herir de muerte a la insaciable muerte.
El desconocimiento de su personalidad literaria, su no-inclusión en la Antología de Stefan Baciu, fueron maniobras intencionadamente arteras e injustas. Pero no olvidemos que como él, algunos otros buenos escritores quedaron en el camino, como piedras vivas más valiosas que nombres desteñidos a la hora del Juicio Final, que también lo habrá para los poetas que transitaron por este mundo miserable y controvertido.
Su obra póstuma se diluyó en manos anónimas de supuestos amigos, sin que hasta la fecha se lograra ninguna explicación. Pareciera que el mismo Ceselli quiso que la arrastrara el viento y se repartiera salvajemente entre ladrones de luz y náufragos de bergantines piratas. Lo profetizó hasta su último cumplimiento. Fue como una bala terrible rozando la inviolada eternidad.
Ahora su residencia se haya en la Memoria Perfecta, donde la lujuria estalla como una semilla inocente, la sombra no oscurece y los dioses son siempre misericordiosos.

RH- En el transcurso del II Congreso de Escritores de Lengua Española, realizado en Caracas, Venezuela, el año de 1981, tuve la oportunidad de leer un resumen de mi ponencia: Identidad de la poesía surrealista latinoamericana, en una mesa que compartía con Severo Sarduy, Roberto Juarroz y Enrique Molina. A Roberto Juarroz ya lo conocía con anterioridad porque vivió uno o dos años en Medellín, donde fue profesor en la Escuela de Bibliotecología de la Universidad de Antioquia... pero a Enrique Molina sólo lo vine a conocer en esta oportunidad y confieso que me sorprendió literalmente. Creo que después de Borges, era el único poeta argentino que reunía todos los requisitos para que se le otorgara el Premio Nóbel, por la intensidad y el esplendor verbal de su obra poética. Aparte de eso, era un ser humano plenamente logrado, que conjugaba en su persona la inocencia y el candor de un niño. Era un “niño viejo” como el chino Lao Tse, que por eso mismo podía permitírselo todo, hasta la arbitrariedad de oficiar como jurado en un concurso de poesía auspiciado por la coca-cola , hecho que suscitó las iras jacobinas (hay que admitir que un poco trasnochadas) del grupo surrealista porteño Signo Ascendente ¿Cuándo conoces a este poeta de trascendencia iberoamericana?.

MMV - Hurgo en mis recuerdos de la calle Piedras al 252. Y aparece como en sueños del fondo del paisaje la presencia angelical con una pizca de malicia del querido Enrique Molina y de Susana, su adorable compañera. Ambos cordiales, sonrientes, precozmente encanecidos, él tatuado de pies a cabeza, sus figuras erguidas, jóvenes y bellas. Habitábamos en una misma pensión. Yo con mi novio de entonces, Telo Castiñeira de Dios en una pieza del segundo piso, en un casi palomar donde éramos vecinos inmediatos, y donde su dueña, doña Rosa, discriminaba en su media tonada rusa, antipatías y simpatías hacia sus inquilinos, y lo manifestaba sin pelos en la lengua. Yo gozaba, quizá por ser una muchacha muy sociable, afectuosa y desinhibida de su cargoso cariño, pues como era analfabeta, la ayudaba a facturar las habitaciones en alquiler.
Como con Enrique y Susana éramos vecinos de pared por medio, teníamos pequeñas ventanas paralelas que daban a la calle. Desde allí, nos pasábamos comida, monedas y poemas, estirando el cuerpo y los brazos como artistas de un valet aéreo.
Enrique me contó que había nacido en las sierras de Tandil. Al sur de la provincia de Buenos Aires, y divagaba sobre los veleidosos comportamientos de la piedra movediza antes de su caída al abismo. La cuestión es que hace poco leí una biografía suya que lo hacía nacer en la Mesopotamia y me cuentan unos amigos que también figura como porteño.
En fin, lo importante no es dónde sino que haya nacido entre nosotros este enorme poeta, marinero raso, que abandonó su flamante título de abogado para embarcarse una y otra vez comenzando por la costa peruana y luego en las lujosas islas del Caribe. Se confesaba, desde adolescente enajenado por estas aventuras marinas.
Era parco al hablar y bastante silencioso. De modales suaves y contenidos. Seductor nato con las mujeres de todas las edades, razas y condiciones sociales, las que zumbaban a su alrededor como moscas en un panal de lechiguanas. Pienso que todas simultáneas o alternativas, conocían sus infidelidades, y se las permitían, procurando que la sangre no llegara al río. Lo que me queda misterioso es el porqué de este borramiento de los celos que son una cosa sana y natural en toda relación de pareja ¿se trataba de un barón irresistible? ¿Dónde estaba la clave? ¿O con la lectura cálida de un hermoso poema conseguía su objetivo? Sin embargo, sus amores con Olga Orozco, me consta que duraron toda la vida y que fueron terriblemente apasionados.
Coincido que su obra mereció el Premio Nóbel de poesía y que fue ingrato no concedérselo Pero según la Biblia, es imposible tapar la luz del sol con un harnero. Sus rayos traspasaron las prebendas, las “trenzas” amistosas o utilitarias, las políticas de turno, etc. iluminando inevitablemente.
Para mí, su voz fue la más importante del siglo 20 en la poesía argentina.

RH- Nos falta hablar de Carlos Latorre y Julio LLinás, el último integrante todavía vivo del ya mitológico grupo surrealista argentino. ¿Qué recuerdo significativo guardas de estos poetas?

MMV - Carlos Latorre ( El Chino), junto a “El Gitanito”, (apodos creado por mi fantasía), Francisco Madariaga, fueron la dupla más apegada a mi corazón en una hermandad sin concesiones, trillizos en el espíritu y univitelinos de una sola placenta. Nos unía la misma pasión irrenunciable: la Poesía.
Con Carlos éramos vecinos y estábamos continuamente en contacto, intercambiando libros raros y mensajes esotéricos durante los años que pasé en casa de Alfredo Martínez Howard, en el característico barrio de Villa del Parque, pegado a las vías del tren. Era viril, activo, sus ideas chisporroteaban y no era fácil seguir su discurso rápido, medular y muy elocuente. Ya estaba reconocido como autor de teatro, guionista, conductor en programas culturales de radio y en la incipiente publicidad comercial de esa época (corrían los años 43, 44 y 45). Recién empezaba a escribir poemas o quizá a divulgar sus textos entre amigos. Su talento era innegable. Pronto desarrolló una vasta carrera literaria y se convirtió en una estrella con luz propia. Fue una figura preponderante del primer movimiento surrealista. Hasta su fallecimiento en 1980, frecuentamos, disfrutamos, esa fiesta irrepetible que fue su amistad, y hablo en plural ya que mi marido lo valoraba mucho y lo quería entrañablemente. Puerta de Arena, su magnífico primer libro, es un canto lírico ilimitado, donde la figura de su madre, que fue mi amiga, emerge de las aguas de un río doloroso, envuelta en banderas patéticas, digamos de infinita tristeza.
Del poeta Julio Llinás, muy poco conozco, pues durante la formación de nuestro 1er grupo surrealista, con los poetas que ya mencioné, (años 43 al 50) no me lo crucé nunca ni tan siquiera escuché hablar de él. Posiblemente porque en ese lapso se encontraba viajando por Europa, o como me comenta Kico Salgado, colaboraba en la prestigiosa revista literaria Poesía Buenos Aires (dirigida por el poeta Raúl Gustavo Aguirre), no afín a nuestras experimentaciones literarias.
Recientemente me llegó su bello poemario Sombrero de perro.

RH- La presencia de la mujer fue siempre fundamental en los diferentes grupos surrealistas franceses y europeos, por eso resulta un poco decepcionante que Pellegrini no incluyera ninguna mujer en la conformación de su grupo. ¿Dónde estaban por esos años Alejandra Pizarnik, Olga Orozco, Carmen Bruna, Silvia Grenier (o Guiard); María Meleck Vivanco?.

MMV - Ya mencioné el concepto “tiernamente machista” de los integrantes del 1er grupo en la década del 40.
Conocí a Alejandra Pizarnik muy jovencita, corrían los años 50 y pico y fue en casa de los Girondo. Estaba acompañada por el escritor Juan Jacobo Bajarlía. Era su alumna y su enamorada. Luego nos vimos varias veces en casa de Olga Orozco antes de su viaje a Francia. Tenía una cara interesante picada por un acné que la hacía más aniñada y más encantadora. Era tímida, reservada y hablaba poco. En su rostro, sus grandes ojos color de miel ejercían tal predominio, que los demás rasgos pasaban desapercibidos. Pienso que ni ella ni Olga se consideraban surrealistas. No obstante, sus nombres aparecieron en antologías del género. A Carmen Bruna, mi talentosa amiga poeta, y a Silvia Grenier, las he conocido recién hace pocos años. Ellas formaban parte de la revista Signo Ascendente.
Yo pasé de la bohemia libertaria a la dinámica de crear un hogar sui géneris (1950) y por contrapartida, al tráfago de los estudios universitarios tomados con extrema exigencia y pasión que me distanciaron de la bohemia y de algunos artistas de la cultura que me hubiera fascinado conocer.
El cientificismo me ganó durante 14 largos años, tiempo de claustro, donde se colaban algunos versos trasnochados que acababan perdidos inexorablemente.
No obstante, confieso que fue un tiempo único de tranquila felicidad compartida en familia, como el cangrejo de mi signo lo tenía previsto.

RH- Eres quizás, la última poeta argentina surrealista (así te considera Víctor Redondo, director del SEA (Sociedad de Escritores Argentinos) en la medida que practicas una escritura automática sumamente espontánea y libre de trabas intelectuales... porque si bien es cierto que Silvia Guiard - la única poeta argentina que participa activamente en el actual movimiento surrealista mundial- también lo hace, ella me parece más ortodoxa y autoconciente, más decidida a ser “deliberadamente” surrealista. A ti eso no parece importarte y escribes sólo lo que te dicta tu sensibilidad o tu corazón, sin apenas corregir. “No puedo hacer de un ombú un bonsái” me dices admirablemente en una de tus cartas. ¿Quieres hablarnos a este propósito de tu poesía?

MMV - Es difícil para mi vivisecar mi poesía. Observarla en sus detalles como un insecto bajo la lupa. Regodearme o enemistarme con ella. Confundir pulsión azarosa con sabiduría o belleza. Ya que nada conozco de análisis literarios ortodoxos, y pienso que lo mío se trata de un disfrute traído al papel quizá por el oscuro inconsciente o por los sueños. También por el romanticismo de las imágenes que me nutren delirándome, y que han delatado siempre mi corazón.
Entre tantos abstractos y recovecos del misterio, creo que conservo aún la inocencia del agua o de la sangre.
Cuando el silencio del monte, se abría como una rosa de humo para los pasajeros del cielo, mis versos de niña creaban pesadillas habitadas por ángeles. Mi voz era plegaria y osadía en la luz. Curiosidad voluptuosa hacia la desbordada naturaleza del valle.

La continuidad del canto, se la debo a Dios y a los destrozos de la vida. Y también al veneno de un brebaje dulce que no mataba mis pájaros, sino que encendía el borde de sus alas.

miércoles, 20 de enero de 2016

FRANCIS BACON / MARGUERITE DURAS



ENTREVISTA A FRANCIS BACON por MARGUERITE DURAS
La Quizaine literaire, París, 1971


D: La noción de progreso en la pintura, ¿es una falsa noción?

B: Es una falsa noción. Tome la pintura paleolítica del Norte de España, no me acuerdo del nombre de la gruta. Ahí se encuentran, en las figuras, movimientos que nunca han sido mejor captados. El futurismo está “completamente” allí. Es la escenografía perfecta del movimiento.

- La noción del progreso personal, ¿es falsa también?

- Menos falsa. Se trabaja sobre uno mismo para obligarse a desarrollar las cosas de forma cada vez más aguda.

- ¿Qué es el peligro?

- La sistematización. Y la creencia en la importancia del tema. El tema no tiene ninguna importancia. El talento puede regresar, marcharse. Las excepciones de la historia son Miguel Ángel, Ticiano, Velásquez, Goya, Rembrandt: nunca regresión.

- Se progresa ¿cómo? - Work. Work makes work . ¿Está usted de acuerdo?

- No. Es necesario un punto de partida. Sin esto, es inútil trabajar. Cuando leo ciertos libros, encuentro que escribir de un determinado modo es aún escribir menos, que no escribir en absoluto. Que leer de determinada manera es aún leer menos que no leer en absoluto, etc.
En pintura es parecido. Pero no se sabe nunca con la imaginación técnica, ésta puede dormir y un buen día despertarse. Lo principal es que esté allí.

- Volvamos a las manchas de color.

Sí. Espero siempre que llegue una mancha sobre la que construiré “la apariencia”.

- ¿Siempre son las manchas las primeras en salir?

- Casi siempre. Son los “acontecimientos que me suceden”, pero que suceden a merced de mí, por mi sistema nervioso que ha sido creado en el momento de mi concepción.

- ¿La “felicidad de pintar” es acaso una noción tan tonta como la de “la felicidad de escribir”?

- Igual de tonta.

-  ¿ Se siente usted en peligro de muerte cuando pinta?

- Me pongo muy nervioso. Sabe usted, Ingres lloraba durante horas antes de empezar un cuadro. Sobre todo un retrato.

- Goya es sobrenatural.

- Quizá no. Pero es fabuloso. Conjugó las formas con el aire. Parece que sus pinturas están hechas de la materia del aire. Es extraordinario, fabuloso. El mayor Goya, para mí, está en el museo de Castres y es La Junta de Filipinas.

- A qué ha llegado la pintura en el mundo?

- A un momento muy malo. Debido a que el tema era tan difícil, fuimos hacia lo abstracto. Y, lógicamente, éste parecía ser el medio hacia el que tenía que ir la pintura. Pero, como en el arte abstracto se puede hacer cualquier cosa, se llega simplemente a la decoración. Entonces, parece que el tema vuelve a ser necesario, pues sólo el tema hace trabajar a todos los instintos y buscar y encontrar los medios de expresarlo a él, el tema. Ve usted, volvemos a la técnica.

- ¿No había pintado nunca antes de los treinta años?

- No. Antes yo era un drifter, ¿cómo lo traduce usted?

-El que va a la deriva.

- Siempre miré la pintura. Y en un momento dado me dije: quizá yo mismo.. Tardé quince años en llegar a algo. Empecé a hacer algo a los cuarenta y cinco años. La suerte que tuve fue no aprender nunca la pintura con profesores.

-¿La crítica respecto a su trabajo?

- Siempre estuvo contra mí. “Siempre” y “todos”. Desde hace algún tiempo los hay que dicen que soy un genio, y otras cosas así. Pero, esto no cuenta. Me habré muerto antes de saber quién soy, porque para saberlo, el tiempo tiene que pasar. Sólo con el tiempo se empieza a ver el valor.

- Con frecuencia hemos hablado juntos del “accidente”.

- No puedo definirlo. Sólo se puede hablar “en torno”. En sus cartas, Van Gogh tampoco ha hecho otra cosa que hablar “en torno” a la pintura. Sus ¡toques”, al final de su vida, la fuerza de sus toques, no requieren de ninguna explicación.

- Inténtelo, desde el exterior.

-Pues si tomáramos materia y la lanzáramos contra un muro o sobre una tela, se hallarían enseguida rasgos del personaje que quisiéramos retener. Esto se habría hecho sin voluntad. Se llegaría a un estado inmediato del personaje, y fuera de la ilustración del sujeto. Cuando los pintores pintan un piso hacen manchas en la pared, antes de empezar su trabajo, se trata del mismo modo de conseguir un estado inmediato de la materia. Los expresionistas abstractos americanos han intentado pintar de esta manera, pero con la fuerza de la materia.
No es suficiente. Sigue siendo decoración.
La fuerza no debe ser, no está en la fuerza de lanzar la materia. La fuerza debe estar completamente congelada en el tema. La materia lanzada sobre el muro, quizás el accidente, sabe. Lo que sucede después es la imaginación técnica.

- ¿Duchamp?

- Se ha cargado la pintura americana para cien años. Todo viene de él, y todos. Lo que es curioso, muy curioso, es que él hacía la pintura más estética del siglo XX. Pero su trazo era muy firme, y su inteligencia era muy firme.

- Podemos llamar al accidente, la suerte o el azar?

-Sí, estas palabras son todas las mismas.

- Cómo es el momento privilegiado, cómo se define?

-Es cuando los “músculos” trabajan bien. Entonces las manchas parecen tener más sentido, más fuerza.

- Todo es concreto.

-Todo. Yo no entiendo mis cuadros mejor que los demás. Los veo como válvulas de mi imaginación técnica en distintos niveles. No hay nadie a quién se pueda enseñar un cuadro, y que sea capaz de ver qué hay de nuevo en este cuadro.

- Dice usted no comprender, y sus cuadros estallan de inteligencia.

- ¿Es posible esto?

- Lo creo. Conocí a una niña que preguntaba: ¿qué es el calor, cuando no hay nadie que tenga calor? Yo le pregunto:¿qué es la inteligencia cuando el pensamiento está ausente de ella? ¿Qué es la inteligencia cuando nadie experimenta o nadie utiliza esta inteligencia con fines críticos, juicios, etc.? ¿No estamos muy cerca de lo que usted llama instinto?

- Estoy de acuerdo. Quisiera hacer retratos, y todas mis pinturas, con el mismo choque que usted recibe en la vida ante la “naturaleza”.

- Y, por esto, cree en este trabajo dentro de la imbecilidad?

- Absolutamente, completamente. A veces el sentido crítico aparece, el cuadro se hace visible durante un instante, luego se va.

- Cuando trabaja usted?

-  Por la mañana, con la luz. Por la tarde, voy a los bares o a las salas de juego. A veces, veo amigos. Para trabajar tengo que estar completamente solo. Nadie en la casa. Mi instinto no puede trabajar si los demás están ahí, y cuando uno los ama es peor- sólo puede trabajar con la libertad.



(del blog: ESCRITORAS UNIDAS Y COMPAÑÍA)

jueves, 14 de enero de 2016

JUAN GELMAN



PERROS CÉLEBRES VIENTOS


hechos

ya que navegas por mi sangre y conoces mis límites, y me despiertas en la mitad del día para acostarme en tu recuerdo y eres furia de mi paciencia para mí, dime qué diablos hago, por qué te necesito, quien eres, muda, sola, recorriéndome, razón de mi pasión, por qué quiero llenarte solamente de mí, y abarcarte, acabarte, mezclarme a tus huesitos y eres única patria contra las bestias del olvido.


datos

bajo el frescor bajo la dura dulzura de este día de mayo como un cálido tiro reviviendo al revés viejos recuerdos de pésimas mujeres magníficas humanas y todo el hospital, el infeliz sorbe los vientos que estallan en su pulso y aprende aprende aprende que toda ruina sobrevive


hacer

tirar con piedra con pelitos con íntimos desechos furias libres y fiebres
milagros espantosos perros célebres vientos uñas rotas
pero tirar vivir contra cualquier quietud
contra otra vez la muerte he dicho


la acción lírica

teniendo en cuenta sus desastres íntimas destrucciones y asia áfrica américa latina caras caídos en la lucha cuba que obliga a respirar el poeta se entrega a sus ciclones carga sus rabias consecuentes en general el gran lirismo va y degüella esperanzas sentadas sonríen con sus bobas


celda 4

eugenio el tierno duerme casi huido mientras los que engendraron tempestades ni idea tienen del precio que pagarán por su cabeza brillando pálida en la celda su luz cayendo sobre descendientes que tampoco sabrán como era augenio cuando ardía y con su cucharita espantaba las bestias


explicaçao

arthur rimbaud dijo hay que cambiar la vida y dejó de escribir es decir de alucinar la vida y fue al áfrica en cambio y amó a una negra inmensa como un hospital y fue amado por ella con gran rubor de los crepúsculos y entre tantos ingleses franceses portugueses y demás aves de rapiña rimbaud contrabandeó su amor tan increíble y para continuar el espectáculo ante hombres santos como incrédulos arthur contrabandeó oro y pistolas y en representación de sus abrazos y cuando fue por ello castigado su culpa verdadera nunca fue mencionada esas bestias cobardes prefieren no meneallo condenan ciertamente las formas de querer intervenir


las bellas compañías

es muy común que un buitre me trabaje las entrañas no devorándolas sino más bien amándolas o como desgarrándolas para sacar a la luz mis rostros últimos y míralos me dice mira lo que te comes animal me dice el bello buitre.


Clic

había una vez un perro vertical un pájaro de alcol un suave tiro que sonaba detrás del espectáculo y tristezas tristezas tu memoria como bestia animal royéndome la panza tus besos opulentos inventándome nombres todavía


tiempos

es en este verano que tus ojos se pierden de repente tu voz cuesta con llagas tu mano es un pichón abandonado te arrasaron la cara te reventaron te rompieron es hora de que empieces a cantar


parlate

¿a dónde irá a parar tanta desolación tanta hermosura?
Hemos hecho y deshecho
Hablen, trabajadores del amor


¿com’é?

¿imprescindible era que terminara abril con ese chico agitando las manos revolviéndolas precisamente en medio del otoño en medio de la enfermedad general o soledades o
tiros sordos del mar que se retira tal vez a sus manitas a su fiebre a su honor a su caballo ciego a su madera donde no había que dejar que alguien orine de piedad?


situaciones

estuve a puertas de la muerte asistí impasible al terrorismo lloré junto al cadáver de un pichón nunca entendí a los profesores las fechas los oráculos durante un tiempo desmonté piedras a piedra los aires del lirismo cuando alcancé la cabeza me reí en especial y en general pensando en la tormenta lo serio que iba a suceder


(Cólera buey – 1963)

.

jueves, 17 de diciembre de 2015

GONZALO ROJAS



EL LOCO

Cuando en mis mocedades de aprendiz lo dejé todo: surrealismo, Universidad, vanidades efímeras y me instalé en lo más alto de Atacama, el que me defendió fue Huidobro: -“Déjenlo, les dijo a mis detractores, Gonzalo es un loco que necesita cumbre”

Es que los locos somos hijos de Dios, pienso hoy en la reniñez de los ochenta. Si hay una palabra que he amado y sigo amando es la palabra nadie que ya andaba en Homero –“Nadie me ha herido”-. O en aquel Juan de Yepes, Juan de la Cruz, que sigue siendo el único poeta de fundamento para mí en el español inabarcable –páramo más páramo-, que empieza en Castilla y crece sigiloso hasta la Antártica.

Lo dijo alguna vez Paul Celan, poeta mío, y pudo también haberlo dicho Vallejo, ese otro gran balbuceante del misterio: “Alabado seas, Nadie”. Si hay una palabra que he amado y sigo amando es nadie. Porque, si somos polvo también somos enigma y de eso estamos hechos. Más claro: no me gusta hablar de lo inhablable, o inefable. Todo lo más, escribo líneas en el viento desde mi infancia, de izquierda a derecha pero también del otro lado porque todo es así, desde el momento que no hay cosa que no sea otra cosa. ¿Será a eso a lo que llamamos realidad? La poesía se adelanta y sus agujas marcan el vuelo de las aves. Tanto se habla de la abolición del yo, que dicho ocultamiento se ha hecho sospechoso de originalismo irrisorio.


De lo que escribe uno no sabe, dijo el ítalo-argentino Antonio Porchia, y ese sí que sabía. Ser nadie es aquél al que no se le ve la mano, como a Dios. Al otro, al que se oculta detrás de lo impersonal forzado, también se le ve la mano aunque la esconda.