miércoles, 9 de enero de 2013

RAÚL GUSTAVO AGUIRRE



1-

“La obsesión de ser en la poesía, en medio de una materia sin compromiso alguno con nosotros, ávida por desasirse de nuestra complicada química corporal.

Siempre se servirá la poesía de esa alianza impenetrable entre la confusión de un hombre y la presencia de un niño.

Romper la barrera del sonido. (Todos los desastres precedían ese momento soberano en que el poeta, por una suma acelerada de actos de veracidad, emerge solitario en la región absoluta.)

La magia de la existencia es enorme. La tarea del lenguaje es revelarla, no sustituirla.

Es preciso volvernos a tiempo hacia la ventana, a fin de no devenir considerables.

El poeta es el hombre de la lenta obsesión.

En tanta felicidad posible, misteriosamente asesinada, arde la poesía…”


2-

“La poesía es algo maldito, y es necesario explicar de nuevo este lugar común.

Maldita por ser la moral más pura en un mundo inmoral, el rostro único en un mundo inmoral, el rostro único en un mundo de máscaras, la hombría cierta ante la intelectualidad bufona y pierdetiempo.

Maldita por ser la inteligencia y el amor fundiendo juntos.

Maldita por sus exigencias, por su avidez de conciencia y de verdad, por su necesidad de existir sin condiciones.”


3-

"La poesía no espera tras la puerta el regreso de nadie.
No se acompaña en bosques petrificados, ni una lluvia le cae porque sí en cada otoño. No mira el fuego secular, lo tiene adentro."



4-

ENTREVISTA A RAÚL GUSTAVO AGUIRRE

Por Raúl Henao

¿Fundamentalmente, en qué consiste para usted la experiencia poética? ¿Qué ha representado la poesía a lo largo de su vida?

- Parafraseando a Tristan Tzará, diría que la experiencia poética no es para mí “una vaga ocupación de orden estético”, sino una manera de vivir, pero tampoco una entre otras, sino la única posible.

¿Cree que el poeta debe salvar el abismo que separa el arte de la vida o, por el contrario, cultivar el arte como una actividad marginal, que en nada compromete su vida cotidiana?

- El “abismo” entre el arte y la vida es uno de los caracteres inhumanos de nuestra civilización actual. La función creadora es esencialmente humana. El poeta no hace más que servir a la recuperación de esa característica fundamental de la especie y lo hace según sus medios y recursos, por lo común, modestos. Pero lo que importa es que vaya en esa dirección.

¿Cómo ve el actual panorama de la literatura argentina. Qué obra poética ha sido para usted la más valiosa y cercana en ese contexto?

- Uno de los rasgos más definidos de la literatura argentina actual sigue siendo la multiplicidad de visiones estéticas que resulta de la convivencia de varias generaciones y de las características disímiles de los diversos centros culturales esparcidos en un vasto territorio. Esta multiplicidad es riqueza en cuanto se concreta en diálogo. Doy un ejemplo que –también- contesta la segunda parte de la pregunta. Para mí ha sido, entre otras, muy valioso el conocimiento de la obra poética de Juan L. Ortiz, pero este poeta, nacido en 1896, sólo comienza a ser reconocido en toda su importancia cuando ya tiene ochenta años. Una de las razones de esto, es que siempre vivió en Paraná, ciudad situada a unos seiscientos kilómetros de Buenos Aires. Algunos poetas de mi generación debemos mucho también al ejemplo de Aldo Pellegrini y Oliverio Girondo.

¿Qué alternativa queda al poeta en el momento presente ante la imposibilidad de vivir de su actividad. ¿No piensa usted que tanto el periodismo como la cátedra universitaria -por hablar de algunas de las alternativas escogidas generalmente por los poetas para “ganarse la vida”- terminan limando, agotando, las facultades poéticas reacias a toda normatividad o servidumbre?

- Me parece bien que el poeta no viva de la poesía porque la poesía no es una profesión. En cuanto al problema de sus medios de vida, no quisiera pecar de moralismo. Sólo quiero hablar de mi caso personal: a mí el periodismo me espanta porque me fatiga intelectualmente. Otro tanto, creo que ocurriría con la publicidad. En cambio la cátedra -sólo ejercí la secundaria- me parece algo positivo, por el contacto viviente y cuestionante con los jóvenes. Claro que yo siempre entendí la enseñanza como un intercambio, donde a veces es el alumno el que enseña y el maestro el que aprende.

Cuando hablaba de facultades poéticas me refería a la “inspiración”, ese particular “estado de gracia”, de receptividad absoluta que, por así decirlo, permite que el poema se escriba a través del poeta. ¿Qué piensa usted de la inspiración?

- No se si la inspiración existe. En todo caso habría que definirla antes con suma precisión. Más bien me parece que es el desencadenamiento de un largo trabajo previo, a veces de años…Lo que si puedo decir es que yo nunca escribí un poema en estado neutro, de redactor. Siempre lo hice bajo el signo de una pasión, de una exaltación o de una necesidad experimentada como angustia. Le diré también que los poemas que más quiero son los que menos tuve que tocar después, en esa etapa que algunos llaman de trabajo crítico.

A propósito, usted ha mantenido una constante actividad crítica, complementaria a su trabajo poético. ¿Cuál es la función que cumple la crítica en el contexto de la literatura moderna?

- La crítica ayuda a leer mejor, sin duda, o debiera. Creo que esa es su función.

¿Y el poeta?… Finalmente juega algún papel en nuestro tiempo o por el contrario, habría que decir que es un personaje pasado de moda, una especie de fósil viviente, sin nada que decir o hacer en el mundo actual?

- Esto se relaciona con lo que decíamos al comienzo. Sin los artistas y sin los poetas el hombre no sería humano. La vida no tendría sentido. El hombre que talló la primera piedra ¿era poeta o cazador? No lo podemos discernir hoy. La función del arte y la poesía me parece más importante que nunca, porque consisten sobre todo en reconciliar a los hombres con el mundo, con los otros, consigo mismo, con todo eso que se les ha vuelto cada vez más extraño.


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